Efecto Johansen + Liniers + The nada / Texto de Daniel Maguiña


La música como arte tiene ese poder que pocas expresiones del ser humano provocan, el poder de la emoción.

En mi opinión, no de experto en la materia pero sí de ser humano que sigue sorprendiéndose con lo que lo rodea, Kevin Johansen es un músico atípico y fuera del margen del clásico cantautor. Siempre me han gustado las cosas diferentes, no raras ni extrañas, diferentes en el sentido de originales. Leer algo que no se repita durante toda una década, por ejemplo. Respetando, claro está, a las generaciones de músicos y artistas que dejan un legado y a la vez muchas deudas a los predecesores. Entre ellos aparecen los distintos, los destinados para unos cuantos pocos que con el tiempo se van haciendo conocidos. El tiempo les da ese beneficio a los que sobreviven hasta a la misma fama efímera.

Durante el último concierto de Kevin, uno de los avioncitos de Liniers llegó a dos metros de donde yo estaba. Aquella situación me llevó dos días atrás, cuando fui a la Toulouse Lautrec a su taller, me firmó el macanudo 1, me dibujó un Fellini, un duende, le regalé mi libro, nos sacamos una foto, conocí a Fito Espinosa, me hizo un dibujo en mi bitácora. Aquel día tal vez fui comprendiendo un poco más a Quino, Fontanarrosa, al mismo Liniers. Su avioncito me ocasionó un lindo feedback y no quise decirlo, pero ya está. Comprendí que la palabra chiste tiene el significado más profundo que el hasta ahora concebido.

Mientras Kevin canta y suenan aquellos vientos fenómenos de la banda, y la percusión del zurdo, el genio de Liniers se deja llevar por ese efecto Johansen y empieza a dibujar el sonido. La música adquiere sentido y lo pierde, basta un color, una forma, un cabello de Enriqueta, un pingüino. Basta que Kevin hable, cante, o dibuje, para que Liniers dibuje o baile o toque la armónica; el clan está completo. El polideportivo de la Católica es una suerte de sitio místico, por donde volaron aviones, una niña colgaba en una hamaca, algún revolucionario del mes era un objeto de consumo y los acordes circulares se desprendían en una canción.

El efecto Johansen fue una mágica fusión. Contó Liniers en la Toulouse que sin querer un amigo en común de los dos les dijo, “tú cantas y tu dibujas y son amigos, digo ¿por qué no se juntan y hacen algo?”. Al principio Liniers estaba tras el escenario dibujando y lo que hacia se proyectaba, luego como toda evolución -Liniers perdió toda timidez y según Johansen “es un rock star”- salió en escena para darle más calidad al espectáculo. Es lo que ahora podemos ver en Youtube si buscamos esos conciertos con The Nada, invitados como Ileana Cabra de Calle 13 o el brasilero Kiko Veneno. Sin embargo la realidad supera al Youtube por mucha distancia.

One Response to Efecto Johansen + Liniers + The nada / Texto de Daniel Maguiña

  1. daniel maguina roca dice:

    Excelente!!! digno de imitarse…….., pero no de copiar, lo mas dificil es copiar, porque para eso hay q copiar bien y resignarse a saber q no podemos crear!!!

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