Escribir: una forma de terapia

Foto: Clarín

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Colaboración de Gabriel Ramos*

Escribir tiene muchos beneficios. Por ejemplo, al escribir podemos verbalizar lo que nos ocurre, tanto de manera externa como en nuestro interior. El poner por escrito y en palabras lo que nos ocurre o lo que imaginamos lo hace real, le da un orden y lo delimita. Cuando plasmamos estos pensamientos abstractos y los bajamos al papel, quedan enmarcados, nos liberan, por lo que nos sentimos menos prisioneros de nuestros propios pensamientos. El escribir nos permite tomar distancia de nuestros pensamientos cuando los ordenamos y organizamos, al mismo tiempo esto nos ayuda a reflexionar y a tratar de encontrar solución a los problemas que se nos presentan.

La escritura terapéutica nos brinda la posibilidad de acceder a nuestro natural potencial creativo así como a descubrir nuestras emociones y pautas de pensamiento inconscientes. Con lo anterior se contribuye a reducir el estrés mental, reforzar la autoestima e incluso a fortalecer el sistema inmunológico. En definitiva, se pueden conseguir beneficios tanto a nivel psicológico como a nivel físico en general.

Jorge Luis Borges, escritor argentino, escribió su magistral relato, “Funes el memorioso” como consecuencia de un problema de insomnio. Borges confesó que –tras escribir ese texto– se liberó del insomnio. Utilizó la escritura como una vía de autoterapia mediante la cual logró dar salida a las causas que producían su trastorno del sueño.

Se pueden diferenciar tres procesos en la realización de esta terapia.
1. El primero o de preescritura, mediante el cual el terapeuta asesora al receptor de la terapia para encontrar los medios y las formas de desarrollar su trabajo de escritura.
2. Es el proceso de escritura en sí mismo, el cual configura la catarsis de la terapia, donde el receptor de la terapia libera sus emociones y pensamientos en el papel.
3. El proceso o de lectura, que consiste en analizar e interpretar lo escrito.

En los tres procesos mencionados tienen lugar actividades terapéuticas como el ordenamiento, la identificación, el reconocimiento y la regulación de emociones, sentimientos y pensamientos. Encontramos funciones relacionadas con la reflexión y autorregulación emocional que nos permiten, como testigos, observar nuestros propios miedos, obsesiones, fobias, traumas, prejuicios, valores, etc.

Escribir experiencias traumáticas, un diario personal de autoexploración, nuestros sueños, poemas, relatos, una carta imaginaria a un amor del pasado o la simple escritura automática e instintiva nos pueden ayudar a saber más de nosotros mismos, a cambiar patrones de pensamientos, a transformar lo negativo en positivo, a realizar nuestra creatividad e imaginación dando forma a la experiencia, entregando, en resumen, sentido ético y estético a nuestra vida.

Desbloqueo emocional

Al igual que en el acto de hablar, cuando escribimos realizamos un ejercicio cuya dirección camina desde dentro hacia fuera. De esta manera liberamos lo que llevamos dentro, efectuamos un desbloqueo emocional muy intenso ya que nos adentramos en regiones de la mente que necesitaban un lenguaje para ser manifestadas y, por consiguiente, reconocidas. Al hacer consciente lo inconsciente logramos sanarnos, lo que antes era un miedo irracional o una acción neurótica y compulsiva puede convertirse en un hecho cuyas causas quedan desveladas y así accedemos a comprender el origen latente del bloqueo.

Algunos ejemplos de escritores que a través de la escritura resolvieron padecimientos y situaciones traumáticas:

Jorge Luis Borges, escritor argentino, escribió su magistral relato, “Funes el memorioso” como consecuencia de un problema de insomnio. Borges confesó que –tras escribir ese texto– se liberó del insomnio. Utilizó la escritura como una vía de autoterapia mediante la cual logró dar salida a las causas que producían su trastorno del sueño.

Isabel Allende, la escritora chilena cuenta que su novela “Paula” le ayudó de manera significativa ante el dolor que le causó la enfermedad terminal de su hija. Dice que escribir esa novela le salvó la vida. También expresó que frente a la muerte de su hija, lo único que le permitió no hundirse en la depresión y la tristeza fue escribir lo que le sucedía en ese momento y hablar de su vida, de su hija y de todos los dolores y emociones que vivía durante esa terrible experiencia.

Dorothy Allison, escritora estadounidense cuyos textos se basan en temas como abuso sexual, abuso infantil, acoso escolar, feminismo y lesbianismo, describe cómo su texto “Bastardo fuera de Carolina” (Bastard out of Carolina) expresa su necesidad de contar su historia de cómo ella fue abusada a los cinco años por su padrastro.

Junot Díaz, escritor dominicano y estadounidense, ganador del premio Pulitzer y autor de “Drown”, señala que escribir le permitió volcar en ella las pérdidas que vivió a causa del colonialismo, la emigración y la pobreza y el dolor por la enfermedad de su hermano.

Jay Neugeboren, autor estadounidense en “Imagining Robert: my Brother, Madness and Survival” relata cómo la escritura lo ayudó a entender sus sentimientos en relación a la enfermedad mental de su hermano.

James Ellroy, escritor estadounidense, autor de las novelas en las que se basan los éxitos cinematográficos L.A. Confidential y La Dalia Negra en “My Dark Places: an L. A. Crime Memoir”, dice que él se convirtió en escritor debido al asesinato de su madre.

Kenzaburo Oe, escritor japonés. Es el segundo japonés ganador del premio Nobel de literatura, en 1994. Fue profesor visitante de El Colegio de México de marzo a julio de 1976. En la novela “A Healing Family”, escribe a partir de la situación traumática vivida por su familia: el nacimiento de su hijo Hikari con discapacidad.

Alice Walker, escritora afroamericana y ganadora del premio Pullitzer, deviene escritora a partir de sus profundas depresiones producidas por la ceguera parcial que su hermano padece a causa de un accidente del cual sus padres la hacen culpable.

Janet Frame, quién fue una novelista, escritora de cuentos y poeta neozelandesa, tuvo una infancia con violencia por parte de su padre, sufrió la muerte por ahogo de dos hermanas, y estuvo mal diagnosticada con esquizofrenia en Nueva Zelandia. Este diagnóstico la llevó a estar ocho años internada y recibir más de doscientos tratamientos de electroshock. Continuamente escribía y un día mandó su trabajo a un editor; este hecho le permitió salvarse de ser sometida a una lobotomía ya que logra ganar el primer premio.

Imre Kertész, escritor húngaro. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 2002 y sobreviviente de los campos nazis, dice ante la pregunta ¿Qué soy yo?, que sólo encuentra una respuesta […] no poseo otra identidad que el escribir.

También los poetas Joan Margarit, Antonio Machado, José Ángel Valente, Jorge Manrique,… utilizaron la escritura para salvarse a sí mismos de su propio sufrimiento ante la muerte de un ser querido. En definitiva, experiencias traumáticas y padecimientos que son enfrentados en el papel, comprendidos, liberados.

Una liberación

La escritura expresiva no sólo ayuda a los pacientes de algunas dolencias graves, sino que beneficia a personas con traumas psicológicos. Las palabras escritas permiten comunicarnos con los demás y también con nosotros mismos. Esta práctica alivia de alguna manera los dolores del cuerpo y cierra las cicatrices del alma.

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*Sobre Gabriel Ramos:

Nació en la Ciudad de México. Es Licenciado en Psicología Educativa y Coach Profesional con Certificación Internacional, además de ser un enamorado de la lectura y la escritura. En la Escuela de Escritores de la SOGEM ha participado en diferentes talleres: “El oficio de escribir”, “El Guion Cinematográfico”, “Narrativa breve” y “Cuento Avanzado” y en la Fundación René Avilés Fabila en un “Taller de Narrativa”. Publica en diversas páginas de Internet: Falsaria, Tus relatos y Cincuenta palabras. Obtuvo Mención honorífica en el Certamen “Relato Anecdótico” de la Facultad de Psicología UNAM y cuenta con una publicación de sus minificciones traducida al francés en Lectures du Mexique 2. Auteurs Mexicains. Nouvelles et microrécits.

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Author: Literalgia

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