Este es el poema original que inspiró la canción “Cholo soy” de Luis Abanto Morales

En 1973, Luis Abanto Morales con su canción “Cholo soy y no me compadezcas”, participó en el Festival de Sullana, un certamen que reunió a los mejores representantes de nuestra música criolla. Con dicha canción, que arrancó los aplausos y el reclamo eufórico del público porque no fue el ganador (ese año ganó el tema “Perdón por adorarte” interpretado por Lucía de la Cruz), Abanto Morales se convirtió en un ícono de la canción popular en el Perú.

Sin embargo, había un problema. Si bien la música pertenecía a Abanto Morales, no le pertenecía la letra y eso se hizo público en 1975, cuando el diario Expreso informó que la letra provenía del poema “No me compadezcas” del argentino Boris Elkin (1905-1952), y de inmediato acusaron al cantante de plagio. (Para saber más sobre este caso visitar el blog de Dario Mejia)

En una carta al mismo diario, Abanto Morales aceptó que la letra no le pertenecía y alegó en su defensa que alguien le había “regalado” esa letra, desconociendo que se trataba del poeta Elkin. Desde entonces, quedó claro que la letra no le pertenecía y ese “plagio” quedó en el olvido popular. Abanto continuó interpretando la canción hasta casi el final de sus días.

Hoy se anunció su partida. Murió a los 93 años. Abanto nació en Trujillo, el 25 de agosto de 1923. Vivió en Cajabamba (Cajamarca), Lima, Argentina y recorrió el mundo interpretando además canciones como “Mambo de Machaguay”, “La flor de papa”, “Desesperación”, “La pitita”, entre otros.

A continuación el poema original. Aquí no se habla de “cholos”, sino de coyas, personas pertenecientes a pueblos indígenas del ande argentino y chileno.

No me compadezcas
Autor: Boris Elkin

No me compadezcas
ni me tengas lástima;
qu’esas son monedas
que no valen nada
y que dan los blancos
como quien da plata.
No me compadezcas
ni me tengas lástima;
nosotros los coyas
no pedimos nada;
pues faltando todo
todo nos alcanza.
Dejame en el valle
vivir a mis anchas:
trepar por los cerros
detrás de mis cabras,
pillar un quirquincho,
tener unas llamas
y echar a los vientos
la voz de mi flauta.
¿Dices que soy triste?
¡Qué quieres que haga!
¿No dicen ustedes
qu’el coya es sin alma,
qu’es como las piedras:
sin voz, sin palabras,
y llora p’adentro
sin mostrar las lágrimas?
¿Y si juera cierto
a qué tanta lástima?
¿No jueron los blancos
venidos de España
que nos dieron muerte
por oro y por plata?
¿No hubo un tal Pizarro
que mató a Atahualpa
tras muchas promesas
bonitas y falsas?
Y entonces ¿qué quieres?
¿Qué quieres que haga?
¿Que me ponga alegre
como día de chaya
cuando mis hermanos
doblan las espaldas
por cuatro centavos
que ustedes les pagan?
¿Quieres que la risa
m’ensanche la cara
cuando mis hermanos
son bestias de carga
llevando riquezas
que ustedes se guardan?
¿Quieres que me alegre
cuando en la montaña
viven como topos:
¡escarba y escarba!
mientras se enriquecen
los que no trabajan?
¿Quieres que me alegre
cuando las muchachas
van a casas ricas
lo mismo que esclavas?
No me compadezcas
ni me tengas lástima.
Déjame en el valle
vivir a mis anchas:
tocando mi quena,
cuidando mis cabras,
pillando un quirquincho
o hilando una manta.
Déjame tranquilo,
que aquí la montaña
me ofrece sus piedras,
acaso más blandas
que esa condolencia
que tú me regalas.

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Author: Jaime Tranca

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