Pregúntale a los muchachos / Manifiesto contra las lecturas obligatorias de los colegios

Lectura obligatoria Pavel Kuczynski

¿Te aburrías por los libros que te obligaban a leer en el colegio? ¿Te dormías leyendo Ña Catita y El Sargento Canuto? ¿Temías a los libros gordos de El Quijote? De seguro no supieron enseñarte a leer o simplemente no leías porque te sentías obligado y las obligaciones crean inmediata repulsión. Aquí una breve reflexión

Texto de Julio Barco

Somos los muchachos y muchachas que odian la lectura obligatoria de los colegios. Odiamos obligar. A los 16 años queremos vivir. Hay tantas ganas de soplarse el Ollantay –con sus escenas mega solemnes– como de pasar un fin de semana jugando monopolio con los abuelitos. Lo peor de esos librotes (lo digo por el tamaño) es que no te dicen ni michi. Por eso no compliquemos la literatura, hagámosla más agradable. No queremos que se nos muera el corazón de tanto niño Gollito.

Primero: esos libros no hablan de nosotros. Lo repito, en español: esos libros, señor presidente, no hablan de nuestra vida… Nosotros queremos, con humildad, sentir, aprender y amar hasta enterrar el pico. En resumen: ¡queremos vivir! ¿Nos dirá algo La Eneida cuando ni siquiera sabemos quiénes somos ni a dónde vamos?

Estamos seguro de que hay más libros después de la decrépita Ña Catita (esa abuelita chismosa que todos tenemos que leer cada bendito año). Hay un libro después de mañana. Y mañana, felizmente, es feriado.

Nosotros nunca leímos nada bueno en el colegio. Amamos los libros en el secreto regocijo de la libertad (afuera donde todo se va destruyendo). Sumidos entre sombras macilentas de cuartuchos, nos tiramos madrugadas enteras devorando “La ciudad y los perros”. Amamos los libros, la trepidante poesía, las piernas de Wendy Guerra (puta, la escritora más guapa de todas).

Y la libertad nos dio las mariposas en el estomago del enamorado. Nos hizo caer en la misma pregunta: ¿Nos puede decir algo el pomposo José Santos Chocano cuando tenemos ganas de mear, desde un puente, a los carros que pasan?

Queremos asaltar un terreno descampado y construir una biblioteca del tamaño de Babel y dejarnos de tonteras. Una biblioteca repleto de fuego. Una biblioteca que albergue nuestros corazones y no sólo polvillo eterno. Propongo meterle mamarrata a todos los ejemplares de la vieja chismosa. Vamos a fumigar los ratones idiotas que siguen buscando su queso y las sabidurías vacías de los best sellers (de algunos).

Propongo que la literatura, en los colegios, sea una oportunidad, nunca una venganza. Una salida, nunca una puerta cerrada, un atropello, una OBLIGACIÓN. Propongo acuchillar la modorra hasta quitarnos del pellejo la idea de que leer sólo te ayuda a pasar de año, aprobar un curso, estar un puesto más adelante en las listas de cultura latinoamericana, sacar 20 en la libreta, entrar a San Marcos (la Decana de América).

Hay que perderle miedo a los libros poco correctos (como “Mala Onda”, “Matacabros”, “Los inocentes”, “El guardián entre el centeno”) pero más cercanos al corazón. Novelas que fomentan el gusto por leer. Porque la literatura no sólo es memoria, ni aburrimiento extraño, ni pedantería.

No hay que aprenderse los nombres de los guerreros troyanos, ni la vida del autor para sentir las palabras. Hay que leer con punche todo el Quijote. Ojalá en las vacaciones, pero hay que leerlo porque queremos, no por obligación.

Y si nos mareamos o angustiamos con las vorágines de Faulkner, es porque empiezas a trazar caminos. Basta que te estremezcan las palabras para estar ahí. Porque se trata precisamente de eso: sentir. Hay que entender que leer un buen libro, en fin, es como entrar al pogo más intenso de tu vida –baterías retumbando, guitarras estridentes, mujeres bonitas–, donde uno se saca la mierda y el alma. La mierda que tenemos nosotros y sólo la literatura nos puede curar.

Pregúntennos… nosotros sabemos que los días no perdonan.

Comentarios

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Author: Literalgia

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  • Buena la idea, pero no me gusto el articulo.

  • Si me obligan Nicaragua. Yo descubrí los libros porque mis tios y mis padres leian chistes(cómics) y cowboyadas. Luego no pude dejar de leer. Si no leo mejor me mato.

  • “Hay tantas ganas de soplarse el Ollantay –con sus escenas mega solemnes– como de pasar un fin de semana jugando monopolio con los abuelitos. Lo peor de esos librotes (lo digo por el tamaño) es que…”

    Choche, Ollantay es una obra de teatro, es cortita, hay ediciones de 65 páginas.
    PD. Es “niño Goyito” no “Gollito”

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