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Carita y Tirifilo: la legendaria pelea de dos «faites» que marcó época e inspiró un vals

Reconstrucción gráfica del duelo entre Carita y Tirifilo. Variedades No. 375, 8 de Mayo de 1915

El 2 de mayo de 1915 se realizó uno de los duelos a chaveta más famosos de la ciudad de Lima. Los protagonistas de este duelo, Carita y Tirifilo, jamás imaginaron la trascendencia que iba a tener su pelea en aquel entonces y en el futuro. El duelo fue tan popular que incluso inspiró composiciones musicales como el vals «Sangre Criolla».

A continuación, reproducimos la crónica de Darío Mejía, un investigador de la música criolla peruana que escarbó en este hecho y compartió los sucesos previos y posteriores al duelo.

Sangre criolla

Escribe Darío Mejía*

Durante las primeras décadas del siglo XX, el vals también sirvió para narrar algún hecho que haya estremecido o conmovido al pueblo. Así fue que el vals «Luis Pardo» narró la vida de ese personaje que fue perseguido por la justicia. La muerte de Jorge Chávez, el 27 de setiembre de 1910, así como su vuelo sobre Los Alpes, fue contada y llorada por Braulio Sancho Dávila con el vals «Jorge Chávez», por R. Marín con su vals titulado también «Jorge Chávez», el dúo Montes y Manrique que en 1911 grabó otro vals titulado también «Jorge Chávez» y por otros compositores criollos. Cuando falleció nuestro tradicionista Ricardo Palma, el 6 de octubre de 1919, los hermanos Suárez lo honraron con su vals «Ricardo Palma». La sentida muerte de Felipe Pinglo, el 13 de mayo de 1936, fue contada por Pedro Espinel con el vals «Murió el Maestro».

Pero el vals también contó un acontecimiento que tuvo como protagonistas a dos personajes del bajo mundo. El duelo a chaveta entre dos de los matones y «faites» más conocidos de la Lima de inicios del siglo XX, Carita y Tirifilo, fue narrado por la musa anónima con el vals «Sangre Criolla». Y como serían de famosos aquellos «faites» que al duelo sangriento aquel asistieron hasta periodistas, quienes serían los que narraron y convirtieron en una especie de leyenda dicha pelea.

Hay que tener en cuenta que antiguamente los caballeros resolvían sus disputas en duelo a florete o pistola. Así tenemos que en la revista Variedades No. 361, del 30 de enero de 1915, se menciona sobre el fuerte enfrentamiento político que hubo en el Senado de la República entre el Doctor J. Fernando Gazzani y el Sr. Juan Durand que no quedó allí, en el Senado, sino que ambos políticos se enfrentaron a duelo en el que el Doctor Gazzani quedó herido de gravedad. Dos meses después, Variedades No. 369, del 27 de marzo de 1915, relata sobre el sensacional duelo entre militares que tuvo lugar el sábado anterior en la Plaza de Acho, cuando a sable de combate se enfrentaron los capitanes del ejército Enrique V. Gómez y Nicanor Arteaga, resultando ambos heridos. Comandantes, mayores y capitanes fueron los padrinos del duelo aquel, estando también presentes médicos y periodistas, publicándose fotos del duelo en Variedades.

¿Creen acaso que los que participaron en los duelos nombrados anteriormente, y otros más de caballeros, fueron detenidos por la policía de entonces? Es por ello que el vals «Sangre Criolla», que inmediatamente se compuso para relatar a través de versos los hechos que ocurrieron antes y durante el duelo entre Carita y Tirifilo, dice muy claro al inicio que «el valor no es patrimonio sólo de los señoritos»; debido a que la policía detuvo a quien sobrevivió al sangriento enfrentamiento entre los personajes de este relato.

En la Lima de hace unos años, abundaban los relatos sobre enfrentamientos a puño limpio y a cuchillo, por lo que recuerdo que era todavía niño cuando por primera vez escuché sobre aquel duelo, a chaveta, entre dos de los delincuentes y «faites» más famosos que haya tenido Lima, Carita y Tirifilo. Es que el duelo aquel era siempre tema de conversación en los solares antiguos de Lima, pasando el relato aquel de generación en generación. Habiendo contribuido a su fama el que los medios de prensa de la época le dieran gran cobertura en sus páginas y que, años más tarde, el gran escritor Ciro Alegría contara al mundo sobre aquel encuentro a chaveta, en su relato «Duelo de Caballeros».

Tirifilo y Carita. Variedades No. 375, 8 de Mayo de 1915.

LOS FAITES

Según el cronista, escritor y poeta José Gálvez, el «faite» era abusivo y fachendoso, golpeaba a cuanto desgraciado se ponía a su alcance y se reía de la policía. Temido por delincuentes y policías, atraía en cambio la mirada y atención de muchas mujeres. Los «faites» de antaño tenían hasta indumentaria propia y eran dueños de todos los corazones que se alquilaban en la ciudad (1). Con el correr de los años, la figura del «faite» se degeneró convirtiéndose en delincuente, abusivo y alquilando sus puños al mejor postor. Siendo de este último tipo los protagonistas de esta historia, Carita y Tirifilo. Pero se debe señalar que, antiguamente, al «faite» también se le llamaba «faiteman», y así es como los llama la musa anónima en el vals «Sangre Criolla».

Emilio Willmann era el verdadero nombre de Carita a quien desde niño llamaban «Carita del cielo», pero su apodo fue recortado por el de «Carita» solamente. Tirifilo era el apodo de Cipriano Moreno y ambos eran del Rímac. De entre los dos, Tirifilo era el que más fama tenía, siendo el más temido también por ser un negro alto y musculoso que alquilaba sus puños a los políticos de la época; por ello hasta la policía le tenía respeto o mejor dicho miedo. Carita, en cambio, era más delgado y bajo, pero tenía más aceptación con las mujeres por ser de rasgos finos y cara agraciada.

EL DUELO

Se han tejido varias historias sobre cuál fue la causa de que Carita y Tirifilo se enfrentaran a chaveta. Lo que sí es cierto es que una noche discutieron y, luego de insultarse mutuamente, ambos, heridos en su amor propio, y por estar en juego sus reputaciones, acordaron en enfrentarse en un duelo a chaveta, es lo que cuenta la letra del vals «Sangre Criolla».

En la mañana del domingo 2 de mayo de 1915, ante la presencia de testigos que le dieron al duelo un aspecto de justo, se encontraron Carita y Tirifilo en una zona que la llamaban el Montón, como lo señala el vals, en los lejanos barrios del Tajamar, por los rieles del ferrocarril que iba a Ancón. El Montón fue el botadero más antiguo que tuvo Lima y allí, años más tarde, se construyó el Barrio Obrero del Rímac.

El vals «Sangre Criolla» señala que Tirifilo era más diestro con el manejo de la chaveta así que logró causarle varios cortes a Carita, quien se desangraba lleno de heridas. Pero la valentía de Carita, de mantenerse en la pelea, dio sus frutos cuando Tirifilo se resbala y, al perder el equilibrio, Carita aprovecha aquello para clavarle la chaveta en el corazón, cayendo Tirifilo para ya no levantarse más.

Algunos de los testigos dejaron abandonado el cuerpo de Tirifilo en la morgue, mientras que otros llevaron a Carita, cargado, al hospital porque estaba desangrándose por los cortes que le había inferido su oponente, relata el vals. Allí permaneció Carita luchando contra la muerte, mientras que su fama crecía en el bajo mundo pronunciándose su nombre con respeto por haber matado a uno de los más temidos y famosos «faites» de la época.

Por su parte, la revista Variedades No. 375, del 8 de mayo de 1915, informó lo siguiente sobre el sensacional duelo criollo: «(…) Para que el duelo revistiera caracteres de justa hasta testigos tuvo y el vencido cayó para no levantarse más, dando cara al enemigo que se desangraba, lleno de heridas, pero que no cejó en la pelea hasta ver derrumbarse al feroz adversario. Drama de sangre entre personajes de siniestra fama, ha tenido sin embargo la virtud de despertar interés y de aparecer distinto de los vulgares crímenes que registra nuestra crónica roja. La leyenda, una leyenda oscura y trágica, envolvía a estos hombres, especialmente al Tirifilo, y por ello, sin duda, es que el comentario público se ha manifestado viva, calurosamente».

Aquel duelo sangriento fue el comentario en todos los hogares de Lima durante varias semanas. La musa anónima contribuyó a convertir en una especie de leyenda aquel duelo, cuando a pocos días de sucedido aquel hecho trágico contó toda la historia aquella con el vals «Sangre Criolla»; utilizando la música del vals «Luis Pardo», que sonaba mucho por esa época. El vals «Sangre Criolla» comenzó a circular por las calles de Lima vendiéndose a través de un cancionero y por ser un suceso que había estremecido a todo Lima, la revista semanal Variedades, en su edición No. 376 del 15 de mayo de 1915, página 2116, reprodujo la letra del vals que se estaba vendiendo en las calles de Lima y que contaba aquel duelo sangriento entre Carita y Tirifilo.

Del mismo modo, casi en forma simultánea, aparecieron otros valses que también narrarían el duelo aquel; como «La Muerte de Tirifilo» y «El que a cuchillo mata a cuchillo muere».

Cabe mencionar que se han encontrado algunas versiones, dadas muchos años después, que señalan que, durante la pelea, Tirifilo fue apuñalado por la espalda por uno de los amigos de Carita. Sin embargo, ello no se ha probado en forma documentada puesto que Carita fue sentenciado a nueve años de prisión por haber matado a Tirifilo, como es mencionado por la revista Variedades No. 396, del 2 de octubre de 1915, haciendo notar que posiblemente la condena sería reducida ya que el crimen se produjo durante un duelo leal y franco, con exposición y sin alevosía.

Sangre Criolla

Vals de autor anónimo

(Con música de vals)

«También los hijos del pueblo
tienen su corazoncito»
que el valor no es patrimonio
sólo de los señoritos.

Dos guapos han dado prueba
sin actas y sin padrinos,
que aquí tienen los criollos
el corazón en su sitio.

Sin floretes ni pistolas,
sin médico y sin testigos,
sino con unas chavetas
puntiagudas y con filo
en el montón se citaron
el CARITA y TIRIFILO.

La gente los conocía
como matones de oficio,
pues sabía que los dos
eran mozos divertidos
y le paraban los machos
a todo hijo de vecino.

Faitemanes como nadie,
valientes y decididos
mozos chuchos, ¡pura yema!
la flor de lo mejorcito.

Se enojaron una noche
y se dijeron sus dichos
y se fueron de palabras
y casi cambian un quiño,
pero entre ambos convinieron
mejor en un desafío.

Como los dos se insultaron
los dos eran ofendidos,
y hay cosas que solamente
pueden ponerse en su sitio
arreglando los disturbios
con la punta del cuchillo.

(Con la música de Luis Pardo)

En el montón se encontraron
y allí se batieron
cual cumple al honor
el uno al otro se hirieron
y mucho admiraron
su saña y valor.

TIRIFILO era más diestro
y seis puñaladas
certero le dio;
y con las carnes cortadas
CARITA sereno
su sangre vertió.

Todos los que los miraron
suspensos quedaron
de ver su valor,
el CARITA no cedía
y más bien crecía
su audacia y furor.

TIRIFILO hizo sus quimbos
pero en una de esas
pegó un resbalón
y el CARITA en el momento
le hundió la chaveta
en el corazón.

A la morgue lo llevaron
y allí lo dejaron
porque eso es legal
y al CARITA lo cargaron
y lo trasladaron
hasta el hospital.

El pobre allí está,
dicen que a la cárcel
pronto pasará,
pero no será
pues como a valiente
se le juzgará.

(Con música de vals)

El CARITA será absuelto,
pues sólo van a presidio
los que roban o asesinan,
para purgar su delito,
no un hombre que mata a otro hombre
por honor en desafío;
porque hay que tener en cuenta
lo que dijo aquel que dijo:
«También los hijos del pueblo
tienen su corazoncito».

Escucha el vals «Sangre criolla»:

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(1) Gálvez, José (1985). José Gálvez. Obras Completas, Tomo II (Una Lima que se va). Lima: Okura Editores S.A.

*Dario Mejia
Melbourne, Australia
Escrito el 13 de Octubre de 2005
Actualizado el 2 de Mayo de 2020

Post original: https://www.facebook.com/dario.mejia.378/posts/10158762975199505

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