A continuación, presentamos una selección de diez poemas enviados por nuestros lectores y lectoras. Agradecemos por confiarnos sus textos. Es agradable saber que nos leen y siguen desde diversos países.
Lee, disfruta y comparte estos poemas:
Aquí duermo
Autor: Álvaro González Díaz
Aquí duermo, como todos los que yacen sin saber que ya no viven.
No cumplí mis sueños, no volé, ni me atreví a ser quien fui.
Callé mis sonrisas y silencié mis alas, me rendí por agradar.
Hoy estoy con los quietos, los callados, los que fueron sombra en la
tierra.
Cuerpos sin alma, restos de historias no contadas…
de vidas no vividas.
El tiempo —tirano sordo— no espera por nadie.
Y ahora, en mis últimos instantes, cuando el aliento se rompe en
suspiros,
me grita lo que antes susurraba: «Olvida el aplauso, sé tú,
que quien vuela es el tiempo y nunca vuelve atrás.»
Veo los cipreses, altivos entre lápidas dormidas,
los únicos vivos en la necrópolis.
Y pienso: todos vendremos aquí, más pronto que tarde,
a formar parte del olvido, de un polvo callado,
de una foto que alguien besa entre lágrimas, y luego deja ir.
No fuimos, por querer ser lo que esperaban.
Olvidamos vivir. Y el precio de todo ello fue morir.
Sobre el autor:
Álvaro González Díaz es historiador, poeta y escritor independiente. Es autor de Versos de Estraperlo (Autografía), Adpetrum, y Un sueño de piedra (Amazon). En 2025 fue uno de los 100 autores seleccionados entre 724 participantes en el I Certamen Mundial de Micro Abierto de Valladolid.
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Detrito
Autora: María Ricse
Con el pasar del tiempo
me convenzo a menudo
elaboro ideas que me sumergen
Aquellas que traspasen la barrera del sonido
¿harán lo mismo con la incertidumbre
del cuerpo y esqueleto lívidos
o tronarán en alegato filosófico
hendido al fondo de una vieja manzana?
Intentos repetidos de persecución
y muchas heces
aguardan el camino de quien
pretenda aferrar al sol
con la mano ahuecada
por eso las preguntas se entumecen prevalecen
trasudando un estallido
en cada gota de sudor
en cada acera o balaustrada
que esta carencia desarma apoyando su peso
haciendo al sentido crujir
porque no es poco
Una poeta colecta palabras proyecta a discreción a cada tanto te dispara
apunta a la cabeza para evitar que le preguntes
ensaya el pecho, por si decides comprender
cierta verdad que subyace
entre el reguero interior de la búsqueda
y la incesante pero prematura obsesión
por echarme a un pozo:
Ahógame en aguas poco profundas
antes de que me adentre demasiado
Después de todo aquí no ha habido
ni habrá nunca nada
Estás apenas tú y esta detrita confusión
mirándose el ombligo
Sobre la autora:
María Ricse (Lima, 1993). Poeta por vocación, adulta por compromiso. Me dirijo al revuelo que seré en el futuro. Este instante es lo único que existe.
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Los hombres que están mal no pueden hacer las cosas bien
Autora: Andrea Rodríguez Carpio
Lo aprendí en hospitales de provincia, en las salas de espera vacías,
en las uñas con tierra del jardín que nunca llegaste a plantar.
Pero si tú me dices que todo acabó, acataré.
Como se acata una orden de desalojo, una factura vencida de la luz,
y ya no golpearé tu puerta, esa que busco cuando la noche
se me enreda en los zapatos y en el alma,
esa casa con ventanas opacas donde guardabas tus miedos
en frascos de mermelada vacíos, junto a calcetines sueltos
y recibos del agua del año pasado.
Te quiero, con todo el equipaje que llevas dentro,
con las etiquetas de los hoteles baratos aún pegadas en la maleta,
con el polvo de carretera en los rincones de la cremallera.
Te quiero con toda la ropa interior apilada en las gavetas de tu armario,
esas medias con agujeros en los talones que nunca te tiraste,
esos calzoncillos gastados que testimonian los domingos tristes.
Te quiero a pesar de la foto de tu familia pasada,
esa que-es-y-no-es, que aún vive dentro de ti
como un fantasma con olor a naftalina y sopa de fideos,
un retrato descolorido donde tu sonrisa era más pequeña,
donde tu padre tenía todavía pelo y tu madre no usaba lentes.
Te quiero, pero me duele en las costillas, me duele en los dientes,
como un dolor de muelas persistente, como una costilla fracturada
que duele cuando llueve o cuando respiro muy hondo.
Pero te supliqué, me dijiste, que los hombres que están mal
no pueden hacer las cosas bien, ni freír un huevo sin quemarlo,
ni recordar cumpleaños, ni abrazar sin lastimar.
Y lo creí como un evangelio y lo recé cada mañana
mientras hervía agua para el café en la cocina que compartimos
tres inviernos con sus veranos, sobre el linóleo desgastado,
frente a esa nevera que siempre hacía un ruido raro,
mientras afuera los pájaros cantaban o no cantaban,
y los vecinos discutían por la basura, y la vida seguía
su curso mediocre hacia ninguna parte especial.
He visto las sombras en el techo de tu habitación,
he contado las grietas en el yeso mientras tú roncabas,
he olido tu aliento a cerveza y resignación,
he amado cada una de tus fallas, cada promesa incumplida,
cada “mañana lo arreglamos”; que se fue al diablo
con la resaca y las colillas en el cenicero.
Ahora camino por mercados donde las amas de casa
discuten el precio de los tomates, donde los perros flacos
husmean en la basura, donde la vida es esto:
un par de zapatos mojados, un autobús que no llega,
un amor que se fue con la misma naturalidad
con que se seca la ropa tendida en el patio.
Y todo esto duele, sí.
Pero duele como duele un hueso mal soldado,
como duele recordar que hubo un tiempo
en que creímos que éramos invencibles
mientras compartíamos un cigarrillo
en la escalera de emergencia
a las tres de la madrugada.
Sobre la autora:
Andrea Rodríguez Carpio nació en Arequipa, en 1995. Ha realizado estudios de Derecho
por la Universidad Católica de Santa María (UCSM) y de Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA).
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Urbe del diablo
Autor: Anderson Gómez
El asfalto silba,
dicen que es la melodía del progreso
pero nadie está tranquilo en los alrededores.
Las horas se reiteran bajo el polvo acumulado,
la democracia plena mezcla todas las miserias.
Aquel porvenir no se divisa.
Vano estimulo,
los muros se agrietan al compás de su nostalgia,
el sol se tiñe con tonalidades detestables.
La actual podredumbre no parece novedosa:
huye con sus formas
vuelve tras sus pasos.
Sobre el autor:
Anderson Gómez Sánchez, nacido en Bogotá, Colombia. Publica en el blog leyesdelatinta.wordpress.com, está presente en X e Instagram como @Leyesdelatinta y en la página de Facebook Leyes de la tinta.
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Quiero ser artista…
Autora: Tatiana Vega
Quiero ser artista
Quiero ser artista,
aunque mi alma sangre cada vez que escribo.
Quiero hacer visible este dolor
que el mundo finge no mirar.
Quiero pintar mi tristeza
con los colores que la gente teme tocar.
Quiero que mis lágrimas sean tinta,
que mi voz tiemble, pero diga la verdad.
Quiero ser artista
en un lugar donde el arte es melancolía,
donde amar duele más que morir,
y recordar se siente como hundirse en agua fría.
No quiero que me entiendan,
solo que me escuchen cuando callo.
Que vean mis ojos vacíos
y no me pregunten por qué.
Cada verso que escribo
es un trozo de piel que arranco.
Cada palabra es un grito
que disfrazo de metáfora.
Quiero que el arte me duela,
porque solo así sé que estoy viva.
Que me atraviese, que me rompa,
que me reconstruya con su filo.
El mundo me quiere sonriente,
yo solo quiero ser sincera.
No hay belleza sin herida,
no hay poema sin pérdida.
Convertir mi dolor en algo visible,
aunque el brillo de mis ojos
no sea luz, sino incendio.
Que las personas no piensen
que todo lo que soy es predecible.
Soy caos, soy eco,
soy todo lo que no se dice.
Quiero ser artista
en un mundo que no escucha,
donde un mensaje es más romántico
que escribir un libro con tus recuerdos.
Quiero pintar tu ausencia
con las sombras de mi pecho.
Que mi dolor tenga forma,
aunque esa forma sea la tuya.
Que el arte me salve,
aunque para salvarme deba morir un poco.
Que al final me miren,
y entiendan sin palabras: solo el dolor me enseñó a ser artista.
Sobre la autora:
Tatiana Vega (Colombia, 2003) es escritora y estudiante de psicología, apasionada por el
arte, la poesía y la exploración de las emociones humanas. Su escritura nace del deseo de
transformar el dolor en algo visible y verdadero, reflejando la vulnerabilidad y la fuerza que habitan en el alma.
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Gigante
Autora: Adela Candón
Hoy tengo vértices,
hoy no puedo medirme en centímetros,
hoy tengo ángulos,
lados y caras
de tamaño de gigante.
Hoy no habría tiempo para explorarme,
ni números para mi medida,
hoy mi cifra es redonda,
seguida de mil ceros,
inabarcable.
Hoy la simetría no existe,
ninguna parte de mi cuerpo
se asemeja a otra,
hoy cada lado es una figura distinta,
trapecio, rombo, cuadrado,
alargados, desplegados,
infinitos.
Hoy mi sudor se vierte por cada poro
de forma dispar.
Hoy no hay encierro, colapso,
ahogo, tormento.
Se mueve el aire por entre mis piernas
deseoso de formar parte
de este juego de líneas,
de círculos,
de vida.
Debo tener la calma,
el cuidado,
la mesura,
de no resbalar,
de no derramar este mar de formas.
Sobre la autora:
Adela Candón López (Cádiz, 1972). Diplomada en Magisterio y con formación en Teatro y Narrativa Oral, ha participado en antologías literarias a nivel nacional e internacional. Finalista y mención especial en distintos certámenes en poesía y microrrelato. Premio de poesía en la convocatoria “Caos” (Editorial After the storm.) Nominada a los premios “La pluma de plata” (Gco editorial), en el 2025.
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Esa no soy yo
Autora: Vanessa Chávez
Me busco en el humo tenue de mis pensamientos,
me pierdo,
me disuelvo,
como sal en la lluvia de un día sin nombre.
Camino entre espejos rotos que me llaman,
me dicen “vuelve”,
pero su voz suena hueca,
como un eco cansado que no sabe a quién busca.
Desando los pasos que creí míos,
me repito,
me niego,
me invento otra piel para seguir respirando.
A veces soy viento,
otras, sombra,
a veces ni siquiera el aire me reconoce.
Rompo la línea del horizonte que soñé brillante,
la arranco,
la dejo sangrar sobre el papel del tiempo.
Vuelvo a nacer en la calma que me asfixia,
me abrazo,
me abandono,
soy mi propia naufragante compañía.
Y al fin, cuando me miro en la orilla del silencio,
me digo,
con un temblor que no sé nombrar:
esa no soy yo.
Sobre la autora:
Vanessa Chávez Alcívar (Ecuador), estudiante de Literatura. Siento una conexión especial con la narrativa y la poesía. Para mí, escribir es mi vía de escape más preciada. Es el lugar donde la mente puede viajar libremente y la imaginación no conoce límites. Al escribir, creo mis propios mundos y es ahí donde realmente me siento en casa.
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Canta
Autor: Vladimir Del Castillo
La marea en retirada
te devuelve la sonrisa.
Los viejos prejuicios
se deshacen en monedas
que cuentas sin pensarlo.
Ahora amas la noche,
su sagrada soledad;
las estrellas detenidas
en el borde del vértigo,
las olas que se rinden
en la espuma a tus pies.
Ya nada duele:
el incendio de ayer
es sólo un soplo gris.
Queremos esta noche
para siempre,
por los siglos que inventemos.
Este fresco, esta brisa,
esta paz que estremece,
deberían guardar tu pulso,
ser los amos secretos
que velan una noche sin regreso…
Sobre el autor:
Vladimir Del Castillo Castillo (Lima, 1985) es magister en Docencia Universitaria por la UNE La Cantuta. Cursa un Doctorado en la misma casa de estudios en la Mención Ciencias de la Educación. Autor del poemario Tiempo de cristal (2025) y la antología Homenaje a Marco Martos (Ed. Vicio Perpetuo Vicio Perfecto, 2025). Ha publicado poesía en la página Letralia (2023), posee una mención honrosa en poesía en el II Concurso Internacional Cántale al Cusco (2022) y es colaborador en la Revista Digital CuentaArtes (ediciones10 y 12). Ha sido publicado en diversas antologías poéticas.
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Como están las cosas
Autor: Moisés Cárdenas
I
Provoca levantar el fusil
disparar rosas
y sembrarlas en los millonarios
para ver si sus corazones
se apaciguan
y dejan vivir en paz
a los ancianos
a los niños
a la juventud.
Provoca dejar frente al edificio de los ricos
un ramo de flores.
Quizás la corten,
pero se darán cuenta
que con ellas
todavía existe un amor subversivo.
¿Acaso no hay que humanizarlos?
Aunque pisoteen la tierra
y quieran exterminar
la militancia
como dijo Neruda
«pero nunca
podrán detener la primavera».
¿Sera que necesitan
poemas de amor?
II
Y dijo el poeta Gelman:
«Nacemos y nos cortan el cordón umbilical.
Nos destierran y nadie nos corta la memoria,
la lengua, las calores».
Porque nos quieren callar.
Y como están las cosas,
provoca levantar
una lucha armada de poesía
que galope sobre el sol
y sus rayos perforen
los espejos
y al mirarnos
se puedan leer
las palabras de Gelman:
«Tenemos que aprender
a vivir como el clavel del aire,
propiamente del aire».
Ojalá tengamos
fuerzas para abrazar
a nuestros ancianos
construir juguetes para los niños
y cantar una bella sinfonía
en la sonrisa de las mujeres
porque ellas son las heridas
en esta tierra.
¿Será que hay más cosas que contar?
Sobre el autor:
Moisés Cárdenas nació en 1981, en San Cristóbal, Táchira (Venezuela). Poeta, escritor, profesor y licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura. Entre sus obras figuran Escrito en La Habana (Fondo Editorial Ollé, 2024), Relatos de cualquier tipo (Editorial Solaris de Uruguay, 2022). Además el poemario infantil Mis primeros poemas (Ediciones Ecoval, Argentina, 2015), Poemas a la Intemperie (Editorial Symbólicus, Argentina, 2013), Duerme Sulam (Editorial Cecilio Acosta, Museo de Barinas, Venezuela, 2007) y El silencio en su propio olvido (Ministerio de Educación, Venezuela, 2008).
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Despejar
Autora: Laura Danmar
En estación obligada, duele el tiempo,
retorna a cursos de vida malgastados,
ciegos intentos lastiman grandezas,
alas cortas, punzan, son clavos afilados.
Descubres un fondo en el vacío que grita,
reclama, delira, sencillamente, anhela ser,
viento que empuja la rueda, rie y la ve rodar,
viajero que emprende, se sienta, contempla,
olvida el destino, sin prisa, sueña sin salir.
Opaca profundidad que embalas esfuerzos,
saltan como migas insípidas, giran, caen,
se hunden lentamente en el fúnebre olvido,
despejando caminos para renacer el alma.
Sentir que solo tus pasos marcan la marcha,
que andas al compás de tu propio conjuro,
corres cual estrella fugaz al camino añorado,
haces de la vida un nido y del suspiro una flor.
La huerta despejada y libre de malezas,
crece exuberante, vibra en hermosura.
El alma que suelta sus ansiados anhelos
sale plena, dueña de olores y bellos colores,
un clavel al verla, aplaude, se inclina y la besa,
riega sus semillas, una a una el aire las siembra.
Sobre la autora:
Laura Danmar Acosta (Trujillo, Venezuela), es docente Ciencias Sociales y MSc Gerencia Educativa.



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