Nicolás Guillén (1902-1989) fue un poeta, periodista y activista político cubano, reconocido mundialmente como el Poeta Nacional de Cuba. Su gran aporte fue la creación de la poesía negrista o «poesía mulata», donde integró por primera vez el ritmo, el lenguaje y la cultura afrodescendiente en la literatura culta de habla hispana.
Guillén fue uno de los tantos amigos que conoció el poeta peruano. A continuación, presentamos un pequeño texto que le dedicó el poeta cubano, recordando el día de su muerte.

Adhesión a Vallejo*
A César Vallejo lo conocí yo en 1937, en París. Pero no podría precisar las circunstancias. De todas suertes, fue en los días de la Guerra Civil Española y del congreso de escritores que tuvo lugar en Valencia, primero, y luego en Madrid, Barcelona y París, donde fue clausurado. Recuerdo que hice un viaje a Madrid con él y su esposa (iban también Marinello, Pita, Carpentier). A mi regreso, durante una mansión de dos meses o cosa así, pude verlo ya en amigo, en el Hotel du Maine, situado en la avenida de este nombre. Coincidíamos también algunas noches en un pequeño restaurant, muy económico, que había -aún lo hay, aunque modernizado- en la pequeña calle de Champollion. Era un restaurant donde se comía comida rusa, y se llamaba lo mismo que la calle. De aquel entonces conservo una pequeña libreta de direcciones, donde está la suya escrita de su puño y letra, con lápiz.
Yo estaba en París cuando Vallejo murió. Asistí a su entierro, una mañana fría y húmeda. No era el París «con aguacero» que hubiera complacido al poeta. Caía una llovizna persistente, que calaba los huesos. La noche anterior lo habíamos velado en la Maison de la Pensée. El duelo, en pie sobre su tumba, lo despidió Aragón.
Vallejo era un hombre silencioso, magro, alto, indio, de pelo atezado y liso. Me decía «negro», como es costumbre afectuosa en su país con las personas de mi tipo. Un día de jamos de vernos, hasta que lo acompañé, por última vez, al cementerio de Montrouge. Me dolió mucho su muerte. Admiro mucho su dramática poesía. Respeto mucho su vida dolorosa, sincera, desinteresada, con hambre y rebeldía. Creo mucho en él, y lo considero uno de los poetas más altos de nuestra lengua.
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