in

Alberto Flores Galindo: el historiador de los vencidos

En este artículo, Sinesio López rinde homenaje a uno de los historiadores más destacados del Perú

En este artículo, el autor resalta el trabajo de «uno de los más brillantes historiadores, quien de no haber desaparecido cuando su obra alcanzaba resonancia y madurez, sería uno de los más destacados intelectuales del Perú actual». También es un «homenaje personal a la inteligencia, a la amistad y al compromiso que compartimos, más allá de las discrepancias políticas que sostuvimos en la década del 80».

Autor: Sinesio López*

 

Alberto Flores Galindo fue, sin duda, el historiador de los vencidos. Y lo fue tanto por ciencia como por conciencia. Buscó rescatar la memoria de los derrotados porque pensaba y creía que otra historia, distinta a la oficial, era posible.

Mirar la historia desde abajo no le impidió a Flores Galindo escribir una historia total o con pretensiones de totalidad, como le enseñaron sus maestros en la École Pratique de Hautes Études, en donde estudió el doctorado en historia. Aprendió a ubicar el fenómeno estudiado en su contexto y en su perspectiva temporal, a analizarlo en su especificidad, a mostrarlo en sus múltiples dimensiones y relaciones, a señalar sus límites y a desplegar todas sus potencialidades, prestando atención a las mentalidades. Flores Galindo aprendió esta perspectiva no solo en la escuela histórica francesa de los Anales sino también en el marxismo creador. Sus grandes maestros, directos o indirectos, fueron Lucien Fevre, Fernand Braudel, Alain Labrousse, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, Ruggero Romano, Pierre Vilar. A los que hay que añadir Eric Hobsbawm, el gran historiador inglés de orientación marxista.

Alberto tuvo maestros, pero fue un historiador original. La originalidad lo condujo a la heterodoxia en el campo del marxismo y valoró enormemente a otros heterodoxos como Walter Benjamin, Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui. Rechazó el determinismo ortodoxo y el marxismo oficial y apostó más bien por un historicismo creador y por los marxistas disidentes. Como Gramsci, creía que la Revolución rusa era una revolución contra El Capital, la obra mayor de Karl Marx, que condensaba la rigidez estructural y el determinismo. De Marx prefería los escritos juveniles, los escritos políticos y algunos escritos marginales de madurez que apuntaban a la posible incidencia de la comunidad rusa en el socialismo del futuro.

Mariátegui

Estas preferencias le ayudaron a entender y valorar la obra de Mariátegui como intelectual y como revolucionario. La agonía de Mariátegui es una obra fundamental de Flores Galindo que busca rescatar no solo la originalidad del pensador peruano, sino también las apuestas políticas imaginativas de Mariátegui, aunque ellas sean contrarias a los dogmas oficiales del marxismo. En La agonía de Mariátegui se percibe claramente la influencia de José Aricó, uno de los más brillantes intelectuales marxistas argentinos, quien, además, compartía con Mariátegui algunos rasgos característicos que los definían: autodidactas muy cultivados, marxistas heterodoxos, editores, publicistas, periodistas, conferencistas. Las visitas que José Aricó hizo a Lima dejaron huella en muchos de nosotros, pero sobre todo en Alberto Flores Galindo, con quien cultivó una profunda amistad.

Una de las preocupaciones intelectuales y políticas de Alberto Flores fue la relación compleja entre la nación y el socialismo. En realidad, los marxistas más destacados, comenzando por Marx mismo, se plantearon este problema y le dieron distintas y hasta contradictorias soluciones. Marx constató que la nación y el socialismo marcharon separados en el siglo XIX, en el cual la burguesía liberal reivindicó la nación, y los obreros revolucionarios, el socialismo. Solo en 1871, con la Comuna de París y con la invasión alemana, los obreros socialistas de Francia unieron los dos elementos del problema, ya que fueron ellos quienes realmente lucharon contra ese ataque y defendieron la nación francesa de entonces.

Arguedas

Buscando una respuesta a este complejo problema, Flores Galindo analizó el indigenismo y a los indigenistas centrándose en la obra antropológica y literaria de Arguedas. En realidad, Tito superó las diversas versiones del indigenismo y su carácter inorgánico mediante los imaginativos planteamientos acerca de la utopía andina. Esta expresa el movimiento de la sociedad andina misma que deja de lado la imposición de utopías intelectuales de las clases medias. La utopía andina consiste, según Flores Galindo, en el conjunto de mitos, leyendas, creencias, sueños, festividades y formas religiosas que, apelando al pasado y al retorno del Imperio incaico, orienta, da sentido e impulsa la acción colectiva del mundo andino derrotado por la Conquista y oprimido y explotado por la Colonia y la República.

Gracias a la utopía andina, el fragmentado mundo indígena actual puede recomponer su identidad y constituirse como sujeto de acción colectiva. Los diversos componentes de la utopía andina van cambiando con la historia. Unos mitos se extinguen, otros mantienen su vigencia. Se pueden debilitar algunas creencias y leyendas en la memoria colectiva, pero ciertas formas religiosas mantienen encendida la llama de la fe. El mundo andino tampoco permanece inmóvil. La dominación y el conflicto lo han transformado a lo largo de la historia colonial y republicana. Lo que caracteriza actualmente al mundo andino es la fragmentación.

Apelando a elementos de la utopía andina, ese mundo fragmentado puede constituirse como sujeto colectivo con una determinada identidad cultural: la utopía andina son los proyectos (en plural) que pretendían enfrentar esta realidad. Intentos de navegar contra la corriente para doblegar tanto a la dependencia como a la fragmentación. Buscar una alternativa entre la memoria y lo imaginario: la vuelta de la sociedad incaica y el regreso del Inca. Encontrar en la reedificación del pasado, la solución a los problemas de identidad.

Flores Galindo sostenía que la utopía andina desbordaba los Andes para instalarse en la cultura popular del Perú. Una expresión de ese desborde sería la valoración positiva que tienen del Imperio incaico los escolares de la educación secundaria provenientes de las diversas clases sociales. Esta valoración positiva del Imperio incaico y de la justicia y la armonía que, según los escolares encuestados, lo caracterizaban es, sin embargo, como el mismo Flores Galindo lo reconoce, una forma de negar el presente más que un deseo de volver al pasado.

 

__________________________

* Publicado en la revista Libros y artes (número 11, setiembre 2005) de la Biblioteca Nacional del Perú.
Alberto Flores Galindo falleció en 1990, a los 41 años, dejando una vasta obra en la que se evidencia la admiración que tuvo siempre por la obra y pensamiento de José Carlos Mariátegui y de José María Arguedas, caracterizada por una permanente aspiración por lograr la unificación del Perú como nación.

Había nacido en Bellavista en 1949 y estudió en la Universidad Católica, en la cual optó el grado de bachiller en historia con la tesis Los mineros de la Cerro de Pasco. Luego viajó a París y estudió en la Escuela de Altos Estudios y a fin de obtener en ella el doctorado desarrolló la tesis Aristocracia y plebe: Lima 1760-1830 (1984).

Entre sus publicaciones destacan Arequipa y el sur andino: ensayo de historia regional (1977), Los comunistas y el movimiento obrero: Perú 1930-1931 (1977), en colaboración con José Deustua; Apogeo y crisis de la república aristocrática (1980, 1981 y 1984), en colaboración con Manuel Burga; La agonía de Mariátegui: la polémica del Komintern (1980 y 1982); El pensamiento comunista, 1917-1945 (1982); Europa y el país de los incas: la utopía andina (1986); Buscando un inca: identidad y utopía en los Andes (1987), ensayo premiado en el concurso continental Casa de las Américas, de La Habana; y La tradición autoritaria: violencia y democracia en el Perú (1999), editado póstumamente.

 

Comentarios de Facebook

Las «profesionales»: ¿qué tan útiles son los eventos para salvar el mundo?

La poesía tiene memoria: tres libros fundamentales, tres entrevistas