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Paco Moreno: la memoria después del adiós

La novela “La despedida de Cadete” propone una idea simple y poderosa: despedirse no significa olvidar, sino aprender a convivir con los recuerdos y aceptar que el amor, incluso después de la pérdida, sigue encontrando formas de permanecer.

Por Nikoll Benavides 

 

En la literatura hay despedidas que suenan como un portazo y otras que se parecen más a un eco largo que sigue resonando en la memoria. La despedida de Cadete (Artífice, 2025), la segunda novela del escritor cangallino Paco Moreno, pertenece a este segundo territorio. Es una historia que comienza con una pérdida aparentemente pequeña y doméstica, pero que poco a poco se abre hacia un mapa más amplio de afectos, recuerdos y heridas familiares.

La novela parte de un hecho sencillo y profundamente humano. Gabriel, uno de los tres narradores de la novela, debe enfrentar la muerte de su perro Cadete, quien lo acompañó durante diecisiete años. Por la promesa que le hizo a su abuelo, decide enterrarlo en un cementerio ubicado en el barrio de Collique, en el distrito limeño de Comas. Ese gesto íntimo termina activando una cadena de recuerdos que atraviesan generaciones, convirtiendo una despedida dura, pero doméstica, en una exploración de la memoria familiar.

Desde la muerte de Cadete se abren conversaciones pendientes, reviven historias familiares y regresan al presente personajes que parecían lejanos. La muerte del perro funciona, así como una grieta que permite mirar hacia atrás y revisar la historia de una familia marcada por tragedias, pérdidas y amor en todas sus aristas. En ese tejido de memorias emerge el segundo narrador, Papilo, el abuelo de Gabriel, una figura clave dentro de la novela. Sin buscar grandes acontecimientos ni giros espectaculares, la novela observa cómo el duelo reorganiza la vida de quienes permanecen.

La historia de Papilo introduce uno de los episodios más dolorosos del libro: la muerte de su hijo en Trujillo. Ese acontecimiento marca profundamente su vida y define su relación con el pasado, presente y futuro. La presencia de esta historia paralela amplía el alcance emocional del relato. El autor parece sugerir que las despedidas no se acumulan de forma aislada, sino que cada pérdida se conecta con otras, formando una red invisible de recuerdos y emociones.

En ese sentido, el libro también habla sobre el tiempo. No el tiempo cronológico de los calendarios, sino el tiempo emocional de las familias. Ese en el que los recuerdos del pasado continúan dialogando con el presente. El duelo por Cadete se entrelaza con las historias familiares que lo preceden y con las heridas que todavía buscan una forma de ser nombradas. Las calles de Collique contribuyen a construir esa atmósfera. El barrio aparece como un espacio de vida cotidiana con calles donde conviven historias de migración, trabajo y memoria. No es solo un fondo geográfico, sino un territorio emocional donde se cruzan generaciones que llegaron a Lima desde distintos lugares del país.

En ese contexto urbano se despliega una novela profundamente humana. Paco Moreno observa con atención los pequeños detalles que conforman la vida diaria: conversaciones familiares, recuerdos compartidos, silencios que pesan más que las palabras. Todo esto configura una narrativa que avanza con calma, como si el autor quisiera darle al lector el tiempo necesario para procesar cada emoción. La prosa del libro acompaña esa intención. Se trata de una escritura clara, profundamente literaria, cercana y sensible, capaz de construir escenas cargadas de afecto sin caer en el sentimentalismo. La novela apuesta por una emoción contenida. En lugar de exagerar el drama, confía en la fuerza de los recuerdos y en la intensidad de los vínculos humanos. Este tono resulta particularmente efectivo cuando la historia se acerca a los momentos más dolorosos. El recuerdo de la muerte del hijo de Papilo, por ejemplo, aparece como una herida que nunca termina de cerrarse.

La figura del abuelo refuerza esta dimensión generacional. Su presencia conecta al protagonista con una historia familiar más amplia y con una manera distinta de entender la vida y la muerte. Es él quien sugiere el entierro del perro, un gesto que simboliza respeto y memoria, y que termina abriendo el camino hacia una exploración emocional más profunda. A lo largo de la novela, el lector descubre que cada personaje guarda su propia relación con el pasado. Algunos intentan olvidar, otros prefieren recordar, pero todos están atravesados por las historias que los preceden. La despedida de Cadete se convierte así en un punto de encuentro entre distintas formas de duelo.

Otro aspecto destacable del libro es su capacidad para encontrar belleza en la fragilidad. No evita el dolor ni las pérdidas; por el contrario, las coloca en el centro del relato desde una mirada que también reconoce la ternura y la resistencia que existen dentro de los vínculos humanos. Los personajes no solo recuerdan lo que ocurrió, sino que intentan darles un significado a esas experiencias. Cada recuerdo funciona como una pieza dentro de un rompecabezas emocional que todavía se está armando.

Al final, el lector comprende que la despedida de Cadete es solo el inicio de un proceso más amplio. La verdadera historia no es la muerte del perro, sino la manera en que ese acontecimiento permite a los personajes reencontrarse con su propio pasado.

Paco Moreno transforma un episodio cotidiano en una reflexión universal sobre el amor, la pérdida y la memoria: la muerte de Cadete, el recuerdo del hijo perdido de Papilo y las conversaciones con Gabriel forman un mismo tejido narrativo hecho de afecto y resistencia que termina revelando una verdad más profunda sobre las relaciones humanas. La presencia de Margarita Escriba, la tercera narradora, le da fuerza a la historia de Papilo y la historia del hijo que murió en una avenida desolada de Trujillo.

Las despedidas nunca son absolutas, siempre dejan una huella que continúa viviendo en quienes recuerdan. La novela propone así una idea simple y poderosa: despedirse no significa olvidar, sino aprender a convivir con los recuerdos y aceptar que el amor, incluso después de la pérdida, sigue encontrando formas de permanecer.

Paco Moreno propone una literatura que busca preservar la memoria, valorar las experiencias humanas y promover la reflexión sobre la historia y la sociedad peruana. Aborda la realidad social, histórica y humana del Perú a través de distintos géneros literarios como la crónica, el cuento, la entrevista y la novela.

Así lo demuestra en sus libros Gente como uno, El otro amor de mamá, Rebelde sin pausa y El jinete en la hora cero. En la misma ruta va La despedida de Cadete, novela donde se activa la memoria después del adiós.

 

 

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