Por Annel Tello Mendez*
En la Casa Rusa de Lima, entre lienzos aún frescos, iconografías y estantes repletos de pinturas, Tatiana Panibog guía a sus alumnos que se encuentran atentos frente a sus caballetes. Con un mandil manchado de colores y una taza de café al alcance, esta artista ucraniana, que pasó gran parte de su vida en Rusia, se formó en la Academia Teológica de San Petersburgo, especializándose en Bellas Artes y Artes Decorativas Aplicadas. Gracias a esto, aprendió que la pintura es más que habilidad: es una forma de mirar el mundo.
Me gustaría comenzar preguntándole sobre su lugar de origen.
Soy de Ucrania, pero de esa parte que siempre se sintió rusa. En mi infancia todos nos sentíamos rusos. Y por eso estoy aquí [trabajando en la Casa Rusa], porque es mi patria y la amo. Más allá de lo político, rusos y ucranianos seguimos sintiéndonos cercanos. Además, el arte no tiene política ni nacionalidad. Compartimos los mismos escritores, pintores y músicos que amamos, y eso nos une. Tuvimos un escritor, Fiódor Dostoievski, decía: «La belleza salvará al mundo», y creo que es cierto.
¿De qué manera el arte estuvo presente durante su infancia?
Hasta los doce años no estudié arte profesionalmente, solo dibujaba en la escuela. Después descubrí que, en mi edificio, vivía un pintor que daba clases a los niños que querían aprender. Me encantaba ver cómo trabajaba: pintaba en el mercado, en los paraderos, en las paredes. Entendí que eso transformaba los lugares y el ánimo de la gente, el mismo paradero que veías todos los días, de pronto se volvía hermoso.
Parece que la presencia del pintor no solo la marcó en usted, sino también a su comunidad…
Era un hombre muy culto, daba consejos no solo sobre arte y solía decir que quien sabe dibujar puede crear cualquier cosa: inventar, construir, diseñar… que el arte abre la mente. Gracias a él, incluso los padres empezaron a valorar más la enseñanza artística. Las clases costaban muy poco, una miseria, y mi mamá me llevó de la mano a inscribirme.
Antes de San Petersburgo, ¿hubo alguna etapa previa en su formación artística?
Sí, tiempo después, las dos hijas del pintor abrieron una escuela de arte cerca de casa. Era algo nuevo en el pueblo, y no tenían muchos alumnos, así que las profesoras pasaban mucho tiempo con nosotros, pintando a nuestro lado. Aprendíamos más de la práctica que de la teoría. Aunque solo estudié allí un año, equivalía a cuatro porque asistía todos los días saliendo del colegio.
Después de ese año postulé al Instituto de Arte en Járkov. Mi profesora estudió allí, por eso me lo recomendó. Todo pasó tan rápido que al principio no tenía mucha idea de composición; solo miraba y pintaba lo que veía. En el examen de ingreso obtuve un tres, lloré mucho (ríe), porque siempre sentí que eso era mío. Pero mi mamá pagó cursos de preparación en el mismo instituto. Gracias a eso, al año siguiente ingresé directamente, y con las notas más altas.
Y durante ese tiempo, ¿hubo algún artista que llamó su atención o guió su manera de ver el arte?
El profesor Yuri Leonidovich Dyátlov. Él me hizo pintora, aunque todos los profesores eran maravillosos. Dyátlov ponía toda su alma en nosotros, porque no tenía hijos, y siempre encontraba una forma distinta de llegar a cada estudiante. Nos recordaba siempre que no debíamos olvidar por qué empezamos este camino, nos pedía conservar el alma infantil, y no distraernos de nuestras expectativas. Hoy Dyátlov enseña en Florencia, y sus alumnos lo recordamos con gratitud.
¿Cómo aplica lo aprendido, ahora, como docente?
Él nos enseñó sobre la composición, dibujábamos objetos, y se piensa que, mientras más exacto fuera tu dibujo, mejor maestro eras. Pero él decía que eso no era arte, que eso era solo copiar, ser un copista. Siempre repetía que la composición es la reina del arte. Que, en pintura, en música, en teatro, incluso en el cine, todo nace de la composición.
Nos leía fragmentos de obras clásicas, como La Odisea, y luego teníamos que crear una composición inspirada en eso. Después comparábamos con cómo lo habían hecho los grandes maestros y entendíamos: “Ah, así debía girarse, así debía organizarse”. Eso se volvió parte de mi enseñanza. Cuando pinto o enseño, siempre recuerdo sus palabras.
¿Qué la lleva a estudiar artes en San Petersburgo?
Al terminar mis estudios en Járkov, me invitaron a enseñar, pero sentía que aún no era especialista y quería profundizar mis conocimientos. Así acepté la oportunidad de estudiar en la Academia de San Petersburgo. Ya en el segundo curso y gracias a la experiencia que tenía, me eligieron asistente del vicerrector. Llevaba a los alumnos a museos e iglesias del norte de Rusia, donde practicábamos iconografía con las piezas. Fue una experiencia muy interesante y estoy agradecida por eso. En ese tiempo pensaba que todo el mundo debía aprender a pintar iconografía, vine con esa idea al Perú, pero resulta que a nadie le interesa los íconos, ni a los cristianos.
¿Qué la lleva a venir al Perú?
El amor. Cuando llegué aquí, vine con la idea de casarme, pero discutimos y no funcionó. Tengo una hija que ahora tiene once años, pero su padre desapareció de nuestras vidas. Llegué al Perú en un momento difícil, huyendo de la guerra, y sin muchas opciones. Dostoievski tenía razón, el arte me salvó, entendí que la vida continúa y agradezco a Dios y a mi profesor Dyátlov.
¿Qué diferencias nota en la percepción rusa y peruana de ver el arte?
En Rusia se valora mucho lo filosófico, hasta las canciones son profundas. En Perú, en cambio, el arte está más conectado con España. Aquí suele dividirse entre arte abstracto, realismo o copias exactas. Casi no se trabaja la composición, y para mí eso resulta raro, me gustaría entenderlo mejor. Además, en Perú se admira mucho cuando alguien nunca ha estudiado arte, pero le queda bien, como si fuera un talento dado por Dios. En Rusia es distinto, desde pequeños estudian toda la vida para dominar el arte. Allá, el arte es como un juego de ajedrez: construyes tu propio mundo, tu propio idioma. Si quieres copiar un dibujo con sus brillos y detalles, simplemente estás compitiendo con una cámara.
¿Qué dificultades ha encontrado como artista?
Aquí los artistas son muy celosos con otros. El arte se ve como diversión, y cada uno defiende su espacio sin dejar entrar a otros. Una vez pedí permiso al municipio de Barranco para vender mis cuadros en la calle y me dijeron que ya tenían sus propios pintores. Me parece absurdo que alguien pueda pagar 100 soles por limpiar el piso, pero no puedan pagar 20 por mi cuadro.
¿Qué lugar tiene la paciencia en el proceso creativo?
Yo le llamaría perseverancia, porque apenas tengo paciencia [ríe]. El proceso creativo es largo: a veces observas la imagen, pero las manos no obedecen. Superar esa torpeza solo se logra con constancia, porque las manos se enfrían. Por eso creo que se debería dibujar al menos dos veces por semana, así no cuesta retomarlo.
Más allá de lo estético, ¿qué considera que aporta el arte?
Mucho. Se conectan ambos hemisferios del cerebro, creando impulsos y mejorando la motricidad, todo trabaja en armonía. Muchas veces llegué a trabajar enferma y pintar me sanó. Hoy la gente casi no escribe, solo son consumidores, y eso les quita la capacidad de sentir alegría. Ahora lo más popular es pasar videos en el celular, el arte ayuda a ver el mundo de manera distinta, más profunda. También enseña a ver el vacío, no solo se dibujan edificios, sino también el espacio que lo rodea, se debe imaginar el grosor de las paredes, el vacío dentro de ellas. Como si todo fuera transparente.
Habiendo nacido en Ucrania, pero pasado gran parte de su vida en Rusia, ¿qué piensa del conflicto actual?
Tenemos un dicho: mientras los presidentes están jugando, ellos no sufren como el pueblo. Pero hay gente mala, y si muere gente inocente, nada puede justificarlo. A mí no me asusta, porque los rusos, los eslavos en general, siempre guerrearon unos contra otros. Estoy en contra de todas las guerras. Dyatlov nos ha enseñado que cuando dibujas y ves un error, no es necesario borrar todo. Solo hay que moverse un poco, corrigiendo lo necesario, llevar la línea hacia donde debe ir. Eso no solo aplica al dibujo, es una filosofía. Creo que, si hay conflicto tenemos que sentarnos y hablar. Y si las partes no quieren hacerlo, entonces los diplomáticos no están cumpliendo su papel. En el siglo XXI no debería haber guerras y, si las hay, es porque a alguien le favorece.
¿Algún consejo a alguien que quiera explorar su lado artístico?
No teman a la perfección, nunca la alcanzarán. Cuanto más avanzas hacia ella, más entiendes que nunca la obtendrás. Dios creó al ser humano no porque lo necesitara, sino para disfrutar con él de la belleza de su creación. Creo que para amar el mundo y alegrarse de la vida, el camino más corto es el arte, no importa cuál. El arte es la mejor herramienta para lograr equilibrio interior y combatir la depresión. La belleza está en los ojos del que mira y si tus ojos son puros y están sintonizados para percibir la belleza, tienes la base.
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