in

Poemas dedicados a Javier Heraud, el “poeta guerrillero”

Alberto Hidalgo, Gustavo Valcárcel, Arturo Corcuera, Juan Ojeda, Magda Portal, entre otros, homenajearon al joven poeta tras su muerte en 1963

Javier Heraud Pérez-Tellería nació en Lima, el 19 de enero de 1942. Fue un poeta precoz y talentoso, además de un estudiante brillante. Cursó estudios en el colegio Markham y luego en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde estudió Letras y Derecho. Más tarde continuó su formación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Desde joven, mostró un fuerte compromiso social y político, influenciado por los movimientos revolucionarios que recorrían América Latina en los años 60.

A pesar de su corta vida, Javier Heraud dejó una obra significativa. Publicó tres libros: El río (1960), escrita a los 18 años, donde destaca por su tono lírico, su sensibilidad y una constante presencia de la naturaleza; El viaje (1961), una continuación de los temas existenciales y políticos que ya estaban presentes en su poesía; y Estación reunida (1961), donde junta sus dos libros anteriores, además de poemas inéditos.

Además de poeta, Heraud fue militante revolucionario. En 1963, con apenas 21 años, viajó a Cuba para recibir entrenamiento militar. Luego regresó clandestinamente al Perú con un pequeño grupo guerrillero, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El 14 de mayo de 1963, junto a sus compañeros, fueron detenidos en Puerto Maldonado (Madre de Dios), pero tuvieron un enfrentamiento donde falleció un agente policial. Al intentar huir, el 15 de mayo, fueron emboscados mientras navegaban por el río Madre de Dios, donde recibió disparos que acabaron con su vida.

La muerte de Javier Heraud causó un gran impacto en los círculos culturales y políticos de entonces. Diversos escritores se pronunciaron, entre ellos Pablo Neruda, Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Alejandro Romualdo. Asimismo, artistas como Chabuca Granda le dedicaron canciones.

Lo que presentamos a continuación, es un conjunto de poemas que se publicaron a pocos meses de su muerte, en la revista Piélago*, dirigida por el también joven poeta Hildebrando Pérez. En dicha publicación aparecieron diversos homenajes al joven poeta guerrillero, entre los cuales figuran (además de los escritores ya mencionados): Gustavo Valcárcel, Aturo Corcuera, Alberto Hidalgo, Magda Portal, Carlos Germán Belli, César Calvo, Juan Ojeda, entre otros.

 

EL POETA
Autor: Arturo Corcuera

Leía a Marx,
a Pablo. Y a Vallejo
lo llevaba en el pecho
como un llanto.
Deteníase a oír en el silencio
algo que no cabía en su tamaño.

Se advertía en sus ojos
que soñaba
en ardiente vigilia, como nadie.

Me sé sus sueños
de memoria, su alma.

Lo mataron en medio de la tarde
porque un alba traía
para todos;
porque otro sol,
otro aire, reclamaba.

En las hojas
que caen del otoño
me parece que escucho sus pisadas.

 

***

 

CASI POEMA A HERAUD
Autor: Alberto Hidalgo

Papá mamá hermanos amigos de Javier
no lloren más
El no sufrió
tuvo una muerte merecida
la muerte a la que estaba destinado
y a ella fue en vuelo directo
como una carta a la paloma
mencionada en el nombre de su sobre
Una muerte de cuadro
de poema
de estatua
hecha no de materia
o de cuerpo
o de cosa
sino del ingrediente
con el cual se hace lo imperecedero
Muerte exacta
sin omisión y sin aplazamientos
corroborada por su propio espacio
sin la más mínima sustracción de tiempo
rodeada circundada por todo su tamaño
semejante a su altura
igual a la medida de su abrazo

Yo celebré su defunción
tras la primera pena que agolpó su noticia
la gusté con mis lágrimas
mayores que sus años de muchacho
gocé con sus heridas
festejé su dolor
aplaudí a los fusiles que le congestionaron
de condecoraciones todo el pecho
Y aun hice mucho más
me entregué al regocijo por su muerte
me alegré de que fuera asesinado
porque al serlo se abrieron
para su nombre y su recuerdo las puertas de la gloria

No fueron personeros de la patria quienes lo derramaron
quienes les seccionaron las alas a sus ojos
quienes le estrangularon el cuello a su palabra
Fueron las balas de la reacción las que hicieron forados en su voz
las cuentas de los bancos las que abrieron boquetes en su sangre
el egoísmo de los malos el que envolvió en silencio su mensaje
El odio de los ricos a todo lo que es pobre a todo lo que es puro
el yanqui apoderándose de nuestros días y de nuestras noches
el servilismo infame de los privilegiados que le entregan honor y patriotismo
los gobiernos que hasta hoy no han podido convertir al Perú en una provincia de los Estados Maldecidos los Estados Unidos
todo eso disparó sus negros rifles
contra su inmenso corazón peruano
todo eso consiguió que con su muerte
tenga ahora un rival la eternidad.

 

***

 

CANTO A JAVIER HERAUD
Autor: Juan Cristóbal

Al guerrillero de la poesía.

Hoy, diecisiete de tu muerte en mayo,
tengo el corazón ronce sobre la boca,
y tengo a tus ojos, como dos cárceles de sangre,
hundiendo mi cuerpo sobre tu vuelo.

Hoy, diecisiete de tu muerte en fe,
tengo a la piedra en rumbo de fuego,
y tengo a mi corazón, como una ola de sangre,
hundiendo el beso entre las manos.

Hoy, todo me pesa más que la vida.
Todo me duele más que el dolor.
Todo me canta más que una guitarra entre los huesos.
La muerte. El día. El amor. Otra vez la muerte. Otra vez el amor.

Hoy diecisiete de tu muerte en voz
todo cae igual que una rama arrepentida.
La música, como una eterna conciencia de lo suyo.
El viento, como una eterna conciencia de lo tuyo.

¡Ay, tremendo diecisiete en ti, tan pequeño!
¡Ay, enormes veintiún años, viviendo entre lo humano!
¡Ay, humano entre lo humano divino entre lo divino!

Hoy, qué será del jardín sin hortelano.
Hoy qué será del arado sin su buey.
Hoy, qué será de la tierra sin paloma.

Qué será de los niños sin su hermano.
Qué será del bosque sin camino.
Qué será de ti, sin ti, Javier.

 

***

 

FRAGMENTO DE UN DE POEMA INÉDITO
Autor: César Calvo

Oh astro malherido bajo quien nuestros cuerpos
dejan rengos senderos en la nieve,
oh tu frente lloviéndonos, diciéndonos
«por aquí se va al mar, este es el rumbo,
por aquí se va a amar, roja es la hierba
como el amor y tal como el amor el mar es verde».

Pero qué mar jamás, que hierba nunca
nos ha de devolver tus pies enormes,
tu enorme traje viejo, tus modales,
tu corazón golpeando como un mar nuestros pechos,
tu corazón, Javier, tu corazón?

Yo sólo sé que has muerto.

Sólo sé que la vida será como tus ojos,
y los hombres serán como tus ojos,
todo como tus ojos lo soñaron,
pero que ya tus ojos nunca más.

———————-

He de llorar semanas, ríos, años.
Porque ya sobre ti no girarán las tardes,
y el trineo de verano,
el trineo del verano halado por llameantes pájaros:
he de llorar semanas, ríos, años,
y en vano el mar ha de buscar tus ojos,
y el amor y el invierno, en vano, en vano
han de buscar tus ojos, niño hermoso, tus ojos
ya flores de ceniza entre las flores,
y tus pies, y la sangre
de tus pies cual dos largos caminos, cual un río
azul entre los ríos del otoño,
y tu cuerpo, caído como un árbol
tu cuerpo entre los árboles,
y tus pies, y tus manos, y tus ojos,
y tu sangre lavándonos, llamándonos,
llamándonos tu sangre entre las flores
los caminos los ríos y los árboles.

Oh cabizbajo otoño, avergonzado
he de llorar semanas, ríos, años.

Oh tu cuerpo en hundidas catedrales de musgo
alzado como un dedo sangrante hacia nosotros.

 

***

 

AUSENCIAS
[Fragmento] Autor: Hildebrando Pérez

Javier,
el turbio frío del silencio,
no impide
que tu voz se alce por encima
de la noche.

A través de los mudos y sombríos
calendarios
surge como rayo inmaculado
tu palabra.

En todos los paisajes de la tierra,
la lluvia
-mientras llora- pronuncia tu nombre
derramado
como un río, como un viaje sin regreso
hacia la aurora.

¡Oh ruiseñor asesinado!

Recordaremos tu sonrisa, tus poemas,
tu estatura,
y sobre todo tu holocausto.

¡Oh diamante ensangrentado!

Bajo
tus ojos abiertos para siempre,
sabemos
que tu rostro guerrillero, se levanta
por encima
del silencio, de la noche, del otoño…

 

***

 

ARDIENTE SOMBRA
[Fragmento] Autor: Juan Ojeda

III

Y yo digo,
y me repito
golpeándome los párpados:

¿Quiénes osaron
arrojar su abismo
sobre el pecho fulgurante
del poeta?

¿Quiénes,
quiénes hundieron
sus cuchillos
en el agua tranquila
de su pecho?…

IV

También la noche,
también
su hueso ciñéndonos
de lápidas oscuras,
inaugurando
desoladas alamedas,
mientras un vaho
de ojerosa espuma
derriba los regresos.

Pero to pecho jamás,
jamás la noche
en la clara habitación
de tus andanzas.

V

¿Dónde la inscripción
del diamante que golpea?

Ay, Javier,
sólo tus manos viudas
tocando ahora
el arpa iluminada
de la sombra.

Sólo tu sombra
anegándonos de luz
la antigua estancia.

 

***

 

BALADA DEL NIÑO GUERRILLERO
Autor: Felipe Sanguinetti

En aquel tiempo había un niño de rizos castaños
que crecía en medio de las tardes
remendando con sus lágrimas
soldados de plomo mutilados.

En las ojeras profundas
una mirada que parecía perderse
en lo infinito de sus sueños.
El niño crecía y crecía
y los padres, no podían detener
su crecimiento.

Los brazos se hacían fuertes
los pies parecían querer devorar las distancias.
Todo en él era exagerado,
inclusive su ternura.

Pero el niño crecía sin dejar de ser niño.
Su mirada clavada en los suburbios.
Las mujeres llamadas «malas» malamente.
Los esbirros del odio y la mentira.
Los prefectos, las beatas,
los dueños abusivos
de todo lo que es nuestro.

No pudieron los padres detener
la desbordante sed de sus delirios.
Nada pudo el recuerdo de la casa destruida.
Nada pudo Gustavo, el pequeñín que contaba con los dedos
como para no caerse en su aritmética.
Nada pudo la larga tibieza de sus versos.
Cuando aprendió a leer
se quedó sin suspiros
se acabaron sus lágrimas.

Su mirada creció como un incendio.
Entonces se soñaba
viajando a la intemperie.
Se soñaba volviendo
descansando. Sentía
que el color de las cosas era suyo.
¡TODO LE PERTENECIA!

Se veía en un río
y supuso, que al final moriría
entre pájaros y flores
esperando al silencio alegremente
en su seco corazón.

Sin embargo
no podía estar muerto,
porque de tarde en tarde
cuando vibraban los soplos
del olvido
abría su corazón
al conjuro del viento y la palabra
y construía nuevos albores
nuevos surcos de amor y de alegría.

No obstante había visto
la risa de la vida.
Había gozado de abril
y de sus flores blancas.

…El niño despertó
danzando alegremente.
Sabía que su sueño
o el descanso
lo obligaban a seguir navegando
en esos pies inmensos de tibio caminante.

………………………….

Otoño le esperaba con sus aguas abiertas
Porque había cambiado los versos por las balas
Porque había dejado colgado en el perchero
su cuaderno de llantos
Porque había cambiado el traje y la corbata
por un raído comando guerrillero.

Otoño…
las hierbas caídas
las cicatrices abiertas.
…………………………
Las llaves del amor y la vida
del amor y la muerte
de la muerte y la vida
se fundieron como una primavera
como niños jugando
en el eterno renacer
de todos los amores.

La bala de un gamonal
lo hirió de vida eterna
desde entonces el niño guerrillero
vigila a sus hermanos
y sabe de memoria
todo lo que hacemos.
Se llamaba Javier.
Para que tú lo aprendas
y, tú
y, tú
y, tú
y muchos niños
este niño del cuento
escribió su parábola.
Para que no lo olvides
te repito su nombre:
se llamaba
se llama
-Por los siglos de un mundo venidero-
se ha de llamar:
İJAVIER, EL NIÑO GUERRILLERO!

 

***

 

IMPRECACIÓN
Autora: Magda Portal

Hay palabras, palabras, pero no dicen nada
rubricadas con sangre, suspensas de silencios
algunas caen como lágrimas
otras se alzan heridas
y gritan su protesta.

Son las palabras del Perú, irredentas,
de los pobres cadáveres sin llanto,
de la tierra sedienta
de las piedras caídas sin destino
son el indio y el cholo
el campesino y el minero.

Palabras y palabras, quizá gestos,
y tú estás, pobre niño, caído
en la mullida alfombra de la selva
soñando aún tus sueños de justicia
y llenos tus oídos de millares de voces
de imprecación, de cantos,
cara al sol o tal vez a las estrellas
con los brazos en cruz
y las pupilas muertas.

Por eso nada valen las palabras
que se las lleva el viento.
Cargadlas de semilla subversiva
cargadlas de metralla, de banderas,
acumulad en ellas los clarines
que suenen y resuenen a rebato,
a grito herido,
a imprecación,
a reto.

Que traspasen los Andes, sus murallas
viejas de tiempo y de tragedia
que crucen los caminos de los Incas
que recorrió Túpac Amaru
los ríos tumultuosos
los valles y las altas sierras
que hiendan los oídos de los pueblos
arrinconados en su inercia
y se estremezca la raíz profunda
la sangre del Perú, su raza.
Hay que decir palabras como puños
en mitin de protesta,
palabras como piedras
palabras como flechas.

Alzadas a los cielos
semejarán banderas desplegadas
agitadas o tensas
y se oirán en el rugir del viento
por encima del mapa del Perú
y sobre el mar y más allá
señalando las rutas de los hombres
por los senderos nuevos.

Por eso tú, niño-poeta
caído con la flor de tu entusiasmo
eres mensaje escrito en la próvida tierra,
símbolo y acicate, imprecación y reto.

Usad por eso las palabras justas
para anunciar el alba de su muerte
comenzando por «héroe»
luchador, combatiente, guerrillero,
y poeta
no hay que decir, hermanos, «está muerto»
decid: está librando su batalla
y seguirá luchando mientras queden
hombres esclavos, niños desnutridos,
ignorancia y miseria.

Usad palabras como antorchas
para alumbrar la noche de los pueblos
como picas o palas o martillos
o llamas desatadas
para incendiar los campos enemigos
usadlas bien al tope de la acción
haced de ellas armas o banderas.

Que están muriendo jóvenes y niños
y muriendo poetas.

 

***

 

JAVIER HERAUD VUELVE A NACER
Autor: Gustavo Valcárcel

Dame tu mano viva
Javier de selva, Heraud de orquídea,
para sentirte cerca de todos nuestros sueños.

Dame tu mano dura
guerrillero Javier, poeta Heraud,
para golpear con ella a quienes te han negado.

Dame tu mano pura
Javier del bosque, Heraud interminable,
para subir su puño hasta la Sierra nuestra.

Dame tu mano ardiendo
pira de pólvora y poemas
para mostrársela al Perú como una estrella

¡Salud, poeta joven del Perú!
¡Salud, poeta joven de Cuba militante!
ya nunca podrás envejecer:
tu sonrisa es garantía a corto plazo
de que la Revolución como la vida
llegará contigo a todas partes.

Descansa un poco ahora, peregrino,
tu cabeza en la yedra reclinada
mientras vuelves a nacer torrencialmente
¡Javier Javier, Heraud Heraud!
en la voz inmortal de nuestro pueblo.

 

____________________________________________

* Poemas extraídos de Piélago. Revista de humanidades. Año I, número 3. Diciembre, 1963.

Comentarios de Facebook

Vargas Llosa: «Que Javier Heraud decidiera empuñar las armas solo significa que el Perú ha llegado a una situación límite»

Alejandro Romualdo sobre Heraud: «Matar a un ruiseñor no es fácil. Mataron a Melgar, y sus canciones y su ejemplo son conocidos hasta en los cuarteles»