in

Salazar Bondy: “Permítanme decir que la poesía es una habitación a oscuras, y dentro de ella nos sentimos muy solos”

Recordamos un poema del autor de «Lima la horrible»

Sebastián Salazar Bondy (1924-1965) fue uno de los intelectuales y creadores más polifacéticos y lúcidos del Perú del siglo XX, destacando brillantemente como poeta, dramaturgo, narrador, crítico y periodista. Miembro fundamental de la llamada Generación del 50, su obra estuvo marcada por un profundo compromiso social y una aguda sensibilidad crítica hacia las contradicciones de la sociedad peruana, especialmente de la burguesía limeña.

Su ensayo más célebre e influyente, Lima la horrible (1964), desmontó con valentía el mito de la idílica y nostálgica arcadia colonial para desnudar el racismo, la desigualdad y la frustración que escondía la capital. Además de su prolífica labor literaria y su papel como renovador del teatro nacional, Salazar Bondy fue un incansable promotor cultural y un defensor de las vanguardias artísticas, dejando un vacío inmenso en las letras hispanoamericanas tras su prematura muerte a los 41 años.

A continuación, compartimos uno de sus poemas, el cual resalta su sensibilidad, agudeza y lucidez.

 

El poeta conoce la poesía
Autor: Sebastian Salazar Bondy

Permítanme decir que la poesía
es una habitación a oscuras, y permítanme también
que confiese que dentro de ella nos sentimos muy solos,
nos palpamos el cuerpo y lo herimos,
nos quitamos el sombrero y somos estatuas,
nos arrojamos contra las paredes y no las hallamos,
pisamos un agua infinita y aspiramos el olor de la sangre
como si la flor de la vida exhalara en esa soledad
toda su plenitud sin fracasos.

Permítanme, al mismo tiempo, que pregunte,
si un peruano, si un fugitivo de la memoria del hombre
puede sentirse allí como un señor en su jardín,
tomar el té y dar los buenos días a la alegría:
qué equivocados estamos, entonces, qué pálida
es la idea que tenemos de algo tan ardiente y doloroso.

Porque, para ser justos, es necesario que envolvamos nuestra ropa,
demos fuego a nuestras bibliotecas,
arrojemos al mar las máquinas felices que resuenan todo el día,
y vayamos al corazón de esa tumba
para sacar de ahí un polvo de siglos que está olvidado todavía.

No sé si esto será bueno, pero permítanme que diga
que de otro modo la poesía está resultando un poco tonta.​

Comentarios de Facebook

Antonin Artaud: «Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres»