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Camilo Torres y Ernesto Cardenal, dos sacerdotes que se alzaron en armas

Ilustración: Michael Matías / El Diario Marka

 

De Camilo Torres a Ernesto Cardenal

Escribe: Ricardo Verástegui López*

 

En las diversas épocas que han generado la historia de la humanidad, como fruto del desarrollo dialéctico entre el reino de la necesidad y el reino de la libertad, de la lucha de la muerte contra la vida, del interés privado contra el interés colectivo, han surgido hombres que visionaron siempre que la única manera de realizar, concretamente, el mandamiento de Cristo de amarse los unos a los otros era superando definitivamente todos aquellos órdenes que justificaban y se mantenían sobre la base de la explotación de pequeños grupos de poder económico de ingente cantidad de hombres y pueblos que producían riquezas incalculables para saciar sus nunca satisfechos apetitos de acumulación e imperio.

Para enfrentar esta situación y realizar el amor cristiano se levantaron hombres, como Thomas Múnzer, que en el siglo XVI comprendieron que la libertad del cristiano, preconizada por el agustino Martín Lutero, no podía quedarse en la conquista de la mera tranquilidad de conciencia, en la “paz interior”, sino que pasaba necesariamente para ser tal, por la lucha por la libertad de todos los hombres, fundamentalmente los postergados e injusticiados.

LA LIBERTAD DE MUNZER

Múnzer, como escribe Ernst Bloch, no pudo aceptar ni la indiferencia total, ni tampoco aquel elevado “consumir a cuenta de Cristo” que confiaba en que ya no puede pasar nada al cristiano, puesto que de todos modos está justificado, sin sus propias obras, por la fe en Jesucristo y por el bautismo en su muerte.

Thomas Múnzer escogió para concretar el amor cristiano y la libertad el camino de la revolución que como un nuevo Pentecostés, una neoefusión del Espíritu Santo, al traer la liberación del hombre de su miseria y de la opresión, sería “un signo del Creator Spiritus, del Espíritu Creador”.

EL COMPROMISO DE CAMILO

Contempóraneamente, particularmente en el contexto de nuestra América Latina, igualmente insurgieron cristianos que levantaron las banderas de los desheredados, de los sectores populares, cuya expresión más alta, sin duda alguna, es el sacerdote colombiano Camilo Torres, muerto a manos del ejército de su país el 8 de febrero de 1965, por haber escogido el camino de la revolución para realizar el amor cristiano.

“Hoy hacer la caridad es hacer la revolución para darle dignidad a todo ese pueblo que sufre y se degrada… y así nos reconciliaremos con él y con Cristo que sufre y es humillado con él”, había expresado.

Sin embargo, hay que anotar aquí un nuevo elemento en los cristianos que asumen un compromiso revolucionario y este es la alianza con los marxistas para que realmente la revolución geste una nueva sociedad y un nuevo hombre. Los cristianos empiezan a entender en esta etapa, Camilo es uno de ellos, que el marxismo es un aporte imprescindible no solo para comprender y detectar la realidad, sino para transformarla, pero todavía subsiste en estos viejos prejuicios, heredados de la Iglesia feudal, que les impiden comprender que los cristianos también pueden asumir el marxismo como teoría y como praxis y no como una suerte de alianza coyuntural, en la que los marxistas tendrían monopolizada la ciencia del cambio y los cristianos solo la fe.

Camilo Torres, más místico que teólogo y científico, pese a que era sociólogo, muestra estas limitaciones que pueden notarse claramente en expresiones como esta: “Yo no pienso hacer proselitismo con referencia a mis hermanos los comunistas… y los comunistas deben saber también que yo tampoco ingresaré a sus filas, que no soy ni seré comunista, ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como sacerdote”.

A despecho de esta afirmación, Camilo moriría asumiendo el Programa del Frente de Liberación Nacional Colombiano, vanguardiado por marxistas.

LA PRAXIS DE ERNESTO CARDENAL

Es indudable que, de Camilo Torres a este período, los cristianos hemos evolucionado en nuestra comprensión teológica y científica desbaratando mitos y fantasmas, de la cual es un ejemplo el sacerdote Ernesto Cardenal, miembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (ESEN) y Ministro de Cultura del Gobierno Sandinista en el poder.

Ernesto Cardenal es uno de los miles que luchan por la liberación de sus pueblos y la implantación del socialismo como marxistas cristianos.

“Existimos muchos marxistas cristianos en América Latina. El marxismo está en contra de un dios alienante y también la Biblia. La meta del cristianismo y la meta del marxismo es la misma, que se suprima el egoísmo en el hombre… No hay, pues, ninguna diferencia entre el Reino de Dios en la tierra y la sociedad comunista perfecta”, ha señalado Ernesto Cardenal con claridad meridiana para despejar dudas sobre cualquier atisbo de “tercerismo” que quienes no conocen bien la realidad de Nicaragua y la opción de los cristianos que luchan por la liberación pretenden achacarles, a partir de reducionismos o esquemas y no de análisis científicos.

Algo más, Ernesto Cardenal, como los cristianos revolucionarios, comprende bien cuál es la función del Vaticano y el Papa en nuestra realidad, concretamente respecto a nuestras Iglesias a las cuales quieren mantener como soportes del sistema de dominación imperante. Por considerarlo ilustrativo, reproducimos a continuación el pasaje de una entrevista concedida por Cardenal en plena lucha sandinista contra Somoza.

Preguntado qué pensaba sobre el Vaticano y el Papa, Ernesto Cardenal manifestó: “Son unos señores capitalistas que siempre han defendido a los ricos y poderosos, que están más con el Pentágono que con los pobres y yo quiero decir públicamente que los Nuncios son unos delegados del capital y que el Nuncio de Nicaragua está vendido a los Somoza, y yo denuncio esto porque amo a la Iglesia y no quiero que se prostituya. Al Papa yo le tengo mucho afecto y respeto, yo no estoy de acuerdo con muchas cosas que hace y dice, pero creo que se deben, no tanto a él, sino a una santa mafia que le rodea”.

 

 

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* Artículo publicado originalmente en el suplemento dominical El Caballo Rojo de El Diario Marka, periódico de tendencia izquierdista. Lima, 8 de junio de 1980.

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