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Enrique Verástegui | Poemas poco conocidos que aparecen en el libro Splendor

Escribe Julio Barco*

 

Hace poco se nos fue una de las figuras más intensas de la poesía latinoamericana: Enrique Verástegui. Parte y arte de una época diferente a la nuestra, los movidos años de 1970 en adelante son también parte de una camada de poetas como Jorge Pimentel, Juan Ramirez Ruiz, Oscar Málaga, Armando Arteaga, Yulino Dávila, Ángel Garrido, Tulio Mora, Carmen Ollé, Enriqueta Belevan, Jorge Nájar y otros tantos, quienes florecieron como racimos y legaron su bella música mental.

Por encima de todo lo que se diga sobre Verástegui[1], los que leímos muchas de sus obras -el periodo que va del primer volumen de Splendor: Monte de Goce, y los otros 4 libros; sin hablar del emblemático Extramuros del mundo– lo hicimos nuestro amigo y mentor: un pata, una fuerza, una energía inagotable para cualquier época, una visión y pasión por la poesía, y una forma de asumir el arte. Hay en ese oficio un esfuerzo por hacer de la poesía un trabajo que colinda con otras artes; un trabajo de científico, botánico, matemático, filósofo. Una mente, en sí, muy creativa. De seguro, por eso, acertadamente el chileno Raúl Zurita definió la obra de Verástegui como uno de los últimos intentos de articular una gramática mental desde la poesía. Es ahí donde funciona e interviene su obra: un cuerpo extenso de éxtasis verbal, lecturas y encuentros metaliterarios, que a nivel de lo que llamamos “poesía peruana” amplifica y enriquece lo existente. Nos queda para siempre su pasión por la poesía y sus caudalosos versos.

Resulta sorprende, para la poesía de nuestro país, la ausencia de un libro como Splendor, título solo publicado en la actualidad en México, a cargo de un proyecto multieditorial[2].

A continuación, compartimos algunos poemas poco conocidos del autor peruano, los cuales aparecen en Splendor. Asimismo, agregamos algunos extractos de entrevistas extraídos del libro El amante de las rosas de Piero Che Piu.

Poemas:

 

Tema y flores de una suite de la noche

Yo que hubo de ser un artista gráfico de gran ciudad
ramo de azucenas, geranios en tus muslos pero continuamos,
calle arriba – haciendo disquisiciones
sobre el mundo
el hecho en sí – desde el momento mismo en que el dulce amor
es tan perfecto
como la enternecedora flor moderna: – espera, tengo que llamar,
Sin embargo continúo: Elizabeth Barret Browning,
por su lado, construyó su propio Paraíso.
Bueno, paso mañana a eso de las 8. No te preocupes, estoy bien.
Te decía que en Londres hablaron de nosotros como de ángeles
llegados del cielo:
no Hell’s  Angels
pero teníamos casacas de terciopelo, tú estabas lívida
como el ocaso del mundo – o el ocaso- que debe irse al carajo.
Yo te leía un poema: ventanas, flores, luces encendidas,
luna está solitaria y hermosa en mis ojos,
mientras colocaba elegantemente mis codos en la ventana
para pensar en todo lo que ha sido este mundo.
Ah, salió mi firma en Le Monde. También Cahiers du Tercer Monde
reprodujo el manifiesto que escribí
contra los militares fascistas pero todo eso fue antes de que
nos deportaran de Londres.
Mandel está hermoso a esta hora, los salvajes galos gruñen.
Podemos estar también caminando por Barranco,
Salaverry, esta avenida de azucenas, una flor en las manos.
Continuemos: la belleza me seduce: Living Teatre, también
Judith Malina (cuyo cuerpo tan compactamente inescrupuloso
se evitó cualquier piedad conmigo) montan algo de Artaud.
Me dices que Ginsberg – claro que caía una tormenta enteramente
bíblica en París- tiene unas manos “electrizantes”
pero bueno: nada de ello es saludable – me refiero
al Tantra Yoga, los experimentos corporales – si no florece
la mente lejos de la caducidad de esta época.
Mira el paisaje: su dulzura es fuego hermoso en la mente.
Claro, lleva siglos construir una civilización
tan elegante como ésta y la elegancia fue nuestra conquista.

Espera, aquí hay otro teléfono. Por supuesto:
se ha predispuesto sólo lo que se destruye.
Te decía, ah claro, tengo versos alocados saliéndome
del alma como un proyecto de Visconti, algo dulce sin embargo,
grandes y fuertes trípticos,
proyecciones de sueño para un mundo que no me ha escuchado.
Mira: alquimia, guitarras, un evidenciar
la putrefacción para permitir renacer la moral,
este delicado perfume a gladiolos silvestres somos nosotros:
no aquellas pesadilla de nuestro tiempo.
Pero bueno lo que podemos hacer es entrar en un magazine
-toda una época ha pasado- y tirarnos un contreau.
Pura poesía: toda una época ha pasado
y en el cambio florezco yo.
Te continúo leyendo mi poema: enamorados
escondiéndose entre laúdes y autos que pasan,
somos extraños seres que no pueden caminar
con la misma lentitud que el que copula una vez al mes.
Caminamos, hacemos aerobics en el lecho.
Todo lo no hecho está por rehacerse
y lo hecho es esta luz muy dulce en mis manos.
Una etapa se cierra y otra se abre cada vez más dura,
cada vez más ruin, cada vez más difícil
y he debido preparar mis lomos para ser picoteada por buitres,
poner mi otra mejilla que quisieran  devorar los gusanos,
entornar mis ojos como goznes que quisieran arrancar las tenazas de la
incomprensión.
He debido disponerme como un monje o budista
a permanecer duramente entregado a su oficio. Y sí,
mi vida brota en la ciudad como una flor mística,
el poema es perfección, pureza, precisión.
No voy a decir que no llamea la modernidad,
no voy a pensar que no he podido nada contra un mundo que se
me ha disuelto
como el escape de un auto.
No he tenido fatiga, tengo tus cabellos dormidos en mi hombro.
Y ademaś, sin imperfecciones
podemos no vivir como lúmpenes.
Y también: asaltar lo marchito es una actividad
hundiendo el mojón cuando jalo el excusado.
Bueno, ¿qué podemos hacer sino deshacer
lo que ha obstruido el camino? Continuemos:
tus ojos encienden el fuego del verano,
el mundo se derrumba y no haré nada por salvarlo.
En los escombros brota una flor como búsqueda de algo distinto.
Unas flores en tus muslos como taza de té delicadamente levantada
mientras me miras: el poema es eso,
y requiere anta delicadeza como disponer tu espíritu
a temblar solitario en tu cuarto húmedo y oscuro,
atelier para un tríptico moderno.

(pero cuando he terminado de leerte este poema
el mundo ha desaparecido tras la visión donde brota la belleza)

Museum Aeternum

(El poeta  -una iluminación- se dirige a las flores)

Está lo que produjo Arona
-diccionario con menos procacidades
que una muchacha desnudándose en tus manos-
y lo que hizo Amézaga es una trocha arrancada
a un fin de siécle, vuelta maravillosa
al jardín de Melgar.
El ópalo del otoño se marchita en la noche
y en el bolsillo tengo el libro por donde ahora paseas.
Mira cómo este hombre
(y es Unanue) ha dejado reposar tranquilamente sus manos
en el parque Universitario: mármol y yerba,
cielo azul despejado, jubilados con niños
como gatos saltándole en sus rodillas
han venido
a recostarse lentamente en Unanue.
Allí está Rossel, aportó el estoicismo
y toda esta discretísima precisión que debemos
agradecer. Olvidamos
lo que nos ha faltado, tenemos
por presente apenas
la tarde arruinada de una época triste e impasible
como esta. No hablemos de sirenas cuyos muslos
de bronce poseen esa tan escasa lujuria
que sobra en nuestras más castas amigas.
¿Quién dejó que el musgo mordiera sus labios a Rossel?
Trabajar dijo Llamosas en el s. XVII
es algo perdido en un mundo aún incipiente:

“Pues aquí cada genio arrebatado,/ tiene el Arte u ocioso o perdonado”

 

y en esto prefiguró a esa persona admirable,
flor violenta, Manuel Gonzáles Prada.
Yo me he trompeado ya por Clarissa: esto
lo sabe perfectamente el “Mochica”
y el jardín -espejo de Amarilis-
al que llego trayéndote estas flores
que se desnudan como muchachas acariciadas en mis manos.
Doblando a la izquierda para ver a Salaverry -que viajó
hasta París a desposar a Ismena- me encontré
a la derecha de un lago verde pálido, tranquilo furor
como un bote con enamorados impulsándose en la tarde
con Althaus hablando enloquecido
y otro loco
-M.A. García-, algunos clasicistas,
tristeza en los ojos, pelo verde
como yedra bajo un volumen de ceniza- apenas
la saliva de un verso que cuelga en sus tristes labios
A veces la sabiduría se dispone
a descansar bajo una lápida y su epígrafe
es musgo y noche: viajero, ten la paciencia
de no detenerte hasta encontrar tu camino.
Se sabe que no puse todas mis complacencias en Arona
pero aquí está Márquez también: uno
conoció la naturaleza hasta el borde mismo
de su vieja hacienda
(más allá la vida era un castillo desconocido)
y el otro – ¿o fue Corpancho?-
se ahogó temprano -Panamá, La bohemia de mi tiempo
pero lo que conocemos de él aún no florece
como un mar en labios de ninguna furia adolescente.
No hay mármol
ni yerba aún fresca para Amézaga
-y bregué ya por Althaus- donde poner mis alas.
Ingeniero Paulet, Pedro Ruiz Gallo- la obra soñada
ahora florece como bellas máquinas en la noche.
No interesa el mármol
o su alegoría en bronce: encender
versos como flores en ojos de gente apesadumbrada
produce inteligencia, espíritu fresco en una aventura
amarga. Exquisitez y profundidad son niveles
de una misma experiencia que deben engarzarse.
No rechines, por favor,
tus dientes estériles
y si no me entiendes- no gustas del arte-
tampoco podrás demostrar
a Gödel.

¿Cómo vivió -trago y fuego-toda esta gente:
corazón enloquecido en la mano? ¿Se dirigían a nosotros
cada vez que en el Palais- triste verbena del Apolo-
alzaban su ajenjo que brillaba tras la penumbra del verano?
Todo un largo siglo ha pasado desde entonces
y la locura de J. Chávez alzándose
sobre los Alpes es hoy una realidad tan natural
como volar para tocar apenas el cielo con las manos.
¿Mañana otra dimensión podrá efectuar la belleza
que se transforma en objeto apenas vuelves a ser espejo?
Tuvo un centro también este fin de siglo: piadosamente
o elegantemente tuvo su misterioso autor
que concentró a todos:
fue Lucrecio y todas estas verdades
que liberaron mente y cuerpo de su atadura mítica.
Nuestro XX olvidó a Lucrecio. Buscaba la forma,
una cierta expresividad en estructurar el hecho interno
mientras Yerovi era un piropo lanzado
desde mi bicicleta a los 12 años: “sal a tu ventana ingrata
y escucha la mandolinata que te doy en el jardín”.
En una taza de café ahora,
o en un chilcano de guinda,
como un lago de lágrimas se hunde este pasado
que yo tan borracho como un ángel
he rescatado para ti
y estos son nuestros poetas: ni han usado peluca empolvada
como azúcar impalpable ni son pastiches de Versailles,
no están catalogados en Harvard. Fieras
inteligentes y rabiosas batiéndose elegantemente a duelo
donde también yo con esta punta
de mi espada tracé estos versos
para ti

y mis hijos.

 

4/1: Flores / fuego

Brotó fugazmente esta rosa intacta. / La lenta rosa en el endecasílabo/ brotó
Impecable como un astro rudo./ -¿Rubí, esmeralda, ojos de ángel que alumbro?-./ El fuego meditado de esta rosa/ fugazmente incendió la fría página,/ que como un pentagrama componía/ al centro de la tempestad histórica./ Nadie esta noche era asaz compañía// sino un mar en mí de oro y verde y luz./ Aquel fuego lamía esta conciencia. / La densa metáfora que es la rosa.

El fuego impío que florece en mí/ ya se desangra en la oscura mirada/ del crepúsculo, o época, y amo esta página./ Yo que no tengo pasado lo nombro./ Y nombro lo pasado que destruyo./ Donde hay olvido acontece la vida,// y donde esta la luz hoy no te deshizo/ lo marchito el presente no llegó.// La rabia de vivir es mi pasión:/ dulce florecer en dura historia/ Donde aquella escritura de la rosa,/ bella y temblorosa, gozosa rosa/ que roza ética, estética y dialéctica:/ tan signo contemplado (y transformado)

 

XXV

Ella duerme ahora,
el vientre hermosamente abultado.
Yo escribo
este poema
para atrapar la fugacidad
de la aurora: nada
puedo ofrecerle
a no ser su propia imagen transfigurada en poesía.
El retrato de su cuerpo son las flores del cielo.
Amor es sólo una palabra no tan sin poder en nuestro mundo:
esta cantidad de vida
y la calidad
de lo que vibra tranquilamente. Dulzura
de la noche: una flor
abriéndose lentamente
en el florero de tu cuerpo es nuestra bendición.
LA ciudad ha desaparecido:
queda apenas un rumor de flores en las manos.
Estos
gorriones son el límpido deseo
de la naturaleza
que nos hace falta
y el deseo este brioso lenguaje
de unos cuerpos
modelados por la luna
tantas veces contemplada
desde una ventana
de hotel perdido en la noche.
Ellos se conocieron así: bellos
y errantes
por esta ciudad desolada
como un campo salvaje
al que le falta poesía. Al amanecer
tan sólo estos alocados gorriones
del poema
saltando en tus cabellos marrones florecían
mientras yo acariciando tu bello vientre abultado
colocaba mis labios en tu pecho.

Foto: Jaime Tranca / Literalgia

Extractos de entrevistas

(Extraídos del libro El amante de las rosas de Piero Che Piu)

 

1974

-¿Por qué crees que tu poesía ha llamado tanto la atención? Y por favor, no me vayas a decir que es cuestión de talento.
-(…) EL texto, pues, emite un placer que atrapa al lector (y lo atrapa fácilmente porque ese placer es su otra verdad: el paraíso que perdió bajo el dominio del principio de actuación) y por eso produce en el lector una doble operación simultánea: por un lado decepciona las ondas magnéticas de placer, mientras que por el otro liberará su energía negativa reprimida, se quiebra el tabú, y esto le produce más placer.

1994

-¿Aceptas que tu poesía sea eminentemente erótica?

Yo considero -al igual que Herbet Marcuse, que fue el profeta de toda una generación- que no es la genitalidad lo que interesante sino la erotización de todo el cuerpo, para transformarlo de instrumento de producción a lugar de placer y de conocimiento. Escribo del cuerpo para reivindicarlo como un elemento necesario a la conciencia de este país, donde la gran mayoría ignora que la felicidad reside en ellos mismos.

1997

-¿Qué le gusta comer a Enrique Verástegui?
-Mira, esa es una pregunta que podrían responder mejor que yo Antonio Cisneros o Rodolfo Hinostroza, que son especialistas en gastronomía. Yo soy un hombre de la clase media, formado en la clase media y que tiene los gustos de la clase media. Yo me conformo con un pollo a la brasa con sus papas fritas.

 

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* Julio Barco (Lima, 1991). Autor de los libros Me da pena que la gente crezca (2012) y Respirar (2018). Es director creativo de la revista Poetiq Express, que difunde poesía del interior del país; y  jefe del festival de poesía en los conos Poético Río Hablador. Colabora en páginas webs como Literalgia, periódico Irreverentes. Por Youtube sube poemas leídos en su cuenta Río Poético. Dicta talleres de poesía en Lima. Actualmente es director editorial de la web lenguajeperu.com.

[1] Las críticas más comunes apuntan a lo poco entendible que son sus libros de matemática o a sus tratados sobre la hierba luisa, que generaron iracundos comentarios.

[2] El proyecto, dirigido por el poeta Yaxkin Melchy, agrupó a las editoriales Proyecto Literal, Kodama Cartonera, Gráfografo ediciones, La Ratona Cartonera.

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