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Isabel Allende quiso escribir una carta a su abuelo, pero terminó escribiendo “La casa de los espíritus”

En una entrevista con la BBC, la escritora chilena detalló cómo nació su libro más reconocido

Isabel Allende es una de las escritoras más influyentes de la literatura contemporánea en español. En sus escritos explora temas como la identidad, el exilio, el poder y la resiliencia femenina. Destaca por su obra La casa de los espíritus, pero también por De amor y de sombra, Hija de la fortuna, Eva Luna y Paula.
En una entrevista con la BBC, en el 2003, la escritora chilena narró cómo concibió su novela más reconocida.

A continuación un fragmento:

 

¿Nos puede explicar el proceso de escritura del libro?

Fue un proceso muy orgánico, no fue planeado.

En esos momentos yo trabajaba 12 horas al día en una escuela. Tenía dos turnos, de siete de la mañana a siete de la noche.

Llegaba a la casa bastante cansada, sobre todo aburrida, porque no me gustan los niños… y el 8 de enero de 1981 nos llamaron por teléfono a Venezuela para decir que mi abuelo, Esteban Trueba, se estaba muriendo en Chile.

Como yo no podía regresar a despedirme de él, decidí escribirle lo que podríamos llamar una carta espiritual, que yo estaba segura de que él nunca leería.

El único objetivo de la carta era decirle que yo recordaba todo lo que me había dicho a lo largo de mi vida, que podía morir en paz porque yo tenía sus recuerdos.

Para probar eso, comencé a escribir la primera anécdota que me contó, la historia de su primera novia, Rosa, quien murió envenenada al ingerir el aguardiente.

Y en cuanto comencé a contar sobre el perro Barrabás y Rosa, que fueron las primeras historias que escuché cuando era niña, me di cuenta de que me había distanciado de la carta, de la verdad, de la memoria, y que había entrado a un reino en el que todas estas cosas se mezclaban y yo tenía la libertad absoluta de hacer lo que quisiera.

Yo podía inventar, exagera, mentir. Era mi derecho. Fue un momento maravillosamente liberador.

Cuando regresé a la escuela al día siguiente, con todos esos papeles que había escrito, trabajé todo el día, pero en mi mente ya estaban los personajes.

Esa noche, después de cocinar y de que todo el mundo se fuera a ver televisión, me encerré en la cocina y, con una pequeña máquina, escribí las dos o tres páginas siguientes.

No sabía que había entrado en un campo minado, el campo de la literatura, en el que los críticos y los profesores universitarios te destruyen si tienen la oportunidad

Eso fue lo que hice todas las noches durante un año y al final tenía 500 páginas, en la cocina.

Fue así que escribí «La casa de los espíritus».

Cuando se la di a mi ex esposo, que era ingeniero, para que la leyera, me dijo «Aquí hay algo que no funciona. Escribes sobre 70 años de la vida de estas personas y no envejecen».

Me di cuenta, horrorizada, de que me había olvidado de que algunos personajes seguían siendo eternamente jóvenes.

Entonces mi ex esposo preparó un esquema, con los años, los acontecimientos y las edades de los personajes.

Gracias a eso, organicé la novela, después de haberla escrito.

Cuando pienso en aquellos tiempos, me doy cuenta de que yo era muy inocente.

No sabía que había entrado en un campo minado, el campo de la literatura, en el que los críticos y los profesores universitarios te destruyen si tienen la oportunidad.

Ya no tengo esa inocencia. Y es una gran pena porque se trataba de algo muy liberador.

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