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Lee cinco poemas de Safo de Lesbos, la «Décima Musa»

Imagen: John William Godward

Safo, quien vivió en el siglo VI a.C. en la isla griega de Lesbos, es una de las poetas más reconocidas de la historia de la humanidad. Fue muy celebrada en su tiempo, incluso Platón decía que era la «Décima Musa», debido al su talento para el arte poético.

En sus poemas, Safo abarca temas innovadores para la época, como el tormento o la amargura que causa el amor. Es decir, se le atribuye el origen de algunas de nuestras ideas y frases románticas comunes.

A pesar de que el término «lesbiana» está vinculada a Safo, ella le dedicaba poemas no solo a las mujeres (a quienes enseñaba arte y poesía en la isla), sino también a los hombres de su época.

Leamos algunos de sus poemas.

 

Quiero decir algo…

Quiero decir algo, pero el pudor me impide.

Si tuvieras deseos de bondad y belleza
y no fuera algo malo lo que tu lengua agita,
no tendrías pudor entre los ojos,
y hablarías de ello limpiamente.

Dulce madre mía, no puedo trabajar,
el huso se me cae de entre los dedos.
Afrodita me ha llenado el corazón
de amor a un bello adolescente
y yo sucumbo a ese amor.

 

De veras, quisiera morirme…

De veras, quisiera morirme.
Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras:
«Amada Safo, negra suerte la mía.
De verdad que me da mucha
pena tener que dejarte». Y yo le respondí:
«Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí,
porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado.
Y si no, quiero recordarte lo que tú olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas.
Han sido muchas las coronas de violetas,
de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,
que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los
collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos
de flores fragantes por nuestras manos.
Han sido muchas las veces que derramaste
bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza».

 

Igual parece a los eternos dioses…

Igual parece a los eternos dioses.
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime.
Solo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin rumbo, los oídos hacen
Ronco zumbido
Cúbrome toda de sudor helado:
Pálida quedo cual marchita hierba
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
Parezco muerta.

 

Unos dicen que un ejército de jinetes
Unos dicen que un ejército de jinetes, otros que una tropa de soldados,
otros que una escuadra de navíos es lo más hermoso sobre la
negra tierra; en cambio, yo digo que aquel a quien
uno ama.
Es absolutamente fácil hacer esto inteligible
a cualquiera, pues la que mucho había contemplado
la belleza de los hombres, Helena , tras abandonar a un hombre
superior en todo,
se fue a Troya navegando
y ni de su hija ni de sus queridos padres
en ningún momento se acordó, sino que la sedujo

……

ahora me recuerda a Anaktoria
que no está presente.
Quisiera ver su paso gracioso
y el brillante destello de su rostro
antes que los carros de los lidios y los soldados
que luchan con sus armas.

 

A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita…

A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita,
hija de Zeus, tejedora de ardides, yo te suplico:
¡no me paralices, con melancolía y hastío,
oh soberana, el ánimo!

Ven aquí, como hacías antaño,
cuando oyendo mi voz desde lejos
me escuchabas y abandonando la casa paterna
venías.

Unciendo el carro dorado bellos y veloces gorriones,
te traían alrededor de la oscura tierra,
batiendo velozmente las alas en remolino, desde el cielo,
a través del éter.

Llegaban pronto y tú, bienaventurada, sonriendo
con tu inmortal rostro preguntabas
cuál era mi padecimiento y por qué
te llamaba nuevamente.

Y que lo que más deseara en mi corazón atormentado
lo tendría. ¿A quién pretendes que Peitho conduzca hacia tu amor?
¿Quién, oh Safo,
te causa pena?

Pues si ahora huye, pronto perseguirá,
si no acepta regalos, en cambio ella te los dará,
y si no ama, ¡pronto amará
aún contra su voluntad!

¡Ven hacia mí también ahora! ¡Líbrame
de pensamientos tristes y haz
que se cumpla lo que mi corazón ansía!
¡Sé tú misma mi compañera de lucha!

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