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Los libros y la guerra: “La condición humana” de André Maulraux

Escribe: Enmanuel Grau

Libros en tiempos de guerra. Páginas ajadas, amarillas, blancas, guiñapos de papel en las manos para calmar la tensión; historias que refrescan la experiencia del encierro y que encuentran en estos tiempos, nuevos accesitarios, manos ávidas que parecen de pronto descubrir en la literatura una ventana para mirar de reojo el mundo, nuestro mundo, tan próximo ahora como distante.

En estos días macondianos volví a leer La condición humana de André Maulraux, en la clásica edición Oveja Negra, tapa marrón, señas doradas para el título y letra minúscula, dulce recuerdo de papel gastado que evoca las estanterías de viejo, hoy desiertas del centro de Lima.

El libro de Maulraux es una novela fundamental del siglo XX que todavía resuena en sus desvaríos e imágenes de la guerra civil china, allá por 1927, y que se desarrolla en un puñado de días en los que la ciudad de Shanghái es arrasada por la insurrección comunista y testigo del aniquilamiento de esta estirpe de camaradas que busca como trofeo la cabeza de Chiang Kai-shek.

Pero, ¿qué nos puede comunicar en estos días una historia de revolucionarios apasionados y obsesivos del opio, tan distante en el espacio y el tiempo? Escrita con una certeza narrativa deslumbrante, los escenarios son cuadros esbeltos de una ciudad que va quedando arrasada por la guerra y de la que emanan, en una especie de descomposición simbólica, todas las contradicciones morales de un sistema que va perdiendo su valor y en el que es cada vez más difícil para el ciudadano de a pie identificarse, como una imagen que tiembla en los charcos y se difumina en el caos de unos días azarosos e incomprensibles.

Novela de personajes, de escenarios y preguntas urgentes que invitan a explorar a fondo, más allá de los consabidos estereotipos, temas como el amor, la solidaridad en la dificultad, la codicia de poder, la senda de la ideología; pero, sobre todo, La condición humana es una ficción vibrante que busca atrapar al hombre en su esencia y lo señala como agente de destrucción y a su vez como guardián de la esperanza en todo momento de la Historia. 

En eso se parece esta novela a estos días. Más allá de las cosas que no están en nuestras manos, la historia de los comunistas Kyo, Katow, Gisors y Clapique, nos interpela a conseguir un equilibrio con el mundo que hemos ido construyendo y del que tenemos que hacernos cargo para evitar, como en las funestas fiestas del egoísmo, escenarios adversos donde el caos, la incomprensión y la frivolidad (ver columna de Maki en Perú 21) terminen por aislar en dimensiones opuestas a los seres humanos que en tiempos como estos nos vemos tan parecidos los unos a los otros en nuestra fragilidad y grandeza.

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