La película Un poeta trata sobre la vida de Óscar Restrepo, un vate fracasado y deprimido. El protagonista sueña con el reconocimiento que no llega, y en ese camino conoce a una adolescente que tiene un talento excepcional para la poesía.
Óscar Restrepo también es un especialista de la obra del poeta José Asunción Silva, a quien le rinde tributo y no solo lo toma como ejemplo, sino también considera que este poeta tampoco ha tenido el reconocimiento que debía.
Pero, ¿quién fue José Asunción Silva?
Se trata de un poeta fundamental en la literatura colombiana, y uno de los precursores del modernismo en Hispanoamérica. Su obra exploró la novela y la poesía, y dejó una huella imborrable en las nuevas generaciones del país que también vio nacer a Jorge Isaacs, García Márquez y Fernando Vallejo.
La vida de estuvo marcada por la adversidad económica y personal. Sufrió un naufragio en donde se perdió gran parte de su obra inédita, y además la muerte de su hermana le produjo un golpe muy doloroso. El poeta se quitó la vida a los 30 años de un disparo en el corazón.
Leamos uno de sus poemas más recordados.
Nocturno III
Autor: José Asunción Silva
Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
Y tu sombra
fina y lánguida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada…
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…


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