Un día como hoy nació Julio Ramón Ribeyro

Escribe Andrea Cabel*

Un día como hoy nació el novelista, ensayista, dramaturgo y sobre todo, tremendo cuentista Julio Ramón Ribeyro Zúñiga. Y no, no nació en Miraflores, sino en Santa Beatriz. Desempeñó, a lo largo de su vida diversos oficios: al menos cuando vivió en Europa fue portero, cargador y obrero luego, periodista, traductor, agregado cultural en París y, finalmente, Embajador del Perú ante la UNESCO.

Ribeyro era crema, quiero decir, era hincha de la U, y ya en los últimos años de su vida, iba a Occidente a alentar a su querido equipo. Antes, de joven, jugaba de centrodelantero. Hay fotos en su equipo del colegio Champagnat en Miraflores, de 1944, en las que sale de cuclillas, con el uniforme del equipo.

Ahora bien, su carrera como escritor comenzó en 1949 con la publicación del cuento “La vida gris” en la revista Correo Bolivariano. Además de escritor, fue profe de la emblemática universidad de Huamanga, en 1960. Luego, según los archivos del diario El Comercio, mintió y pretendió ser profe de la Universidad San Marcos. El tema, como señalan, “no prosperó”. Otro detalle muy curioso es que en la edición francesa (1964) de su famosísimo libro Los gallinazos sin plumas en vez de que saliera su foto, salió la de un hombre de Mozambique apellidado “Ribeiro”. Algunas fuentes señalan que él mismo tuvo esta idea. En su diario personal de ese mismo año, 1964, se lee que tuvo malísimas experiencias con la marihuana, así que la probó pero no le gustó ni le sirvió. Posteriormente a este inolvidable año, fue diplomático peruano en París, Francia. Y ahí su esposa, Alida Cordero, con quien tuvo a su único hijo, le regaló nada más y nada menos que un auto carísimo: un jaguar.

Uno de sus libros más interesantes, Crónica de San Gabriel, fue escrito durante un viaje de juventud por Europa, en el invierno cruel de Munich, Alemania (“sin saber alemán y en una pensión en donde era imposible comunicarse por desconocer el idioma … comencé pues a escribir para salirme del entorno en el que vivía e imaginaba todo el tiempo que pasaba unas plácidas vacaciones en la sierra peruana”). Este es un librazo del que el mismo autor opinaba que “la historia puede ser real o inventada. Si es real, debe parecer inventada, y si es inventada, real”.

Nuestro autor falleció un 4 de diciembre de 1994 de cáncer al estómago y su enfermedad coincidiría con un periodo muy productivo ya que publica Solo para fumadores y Dichos de Luder. En 1991 regresa definitivamente al Perú y se establece en Barranco, en un departamento que su esposa comparó con una “ventana frente al mar”. Un punto muy relevante es que el 1 agosto de 1994 se le declaró ganador del Juan Rulfo, premio considerado como el Nobel Hispanoamericano que debieron recoger, en una ceremonia realizada en noviembre en la Feria del Libro de Guadalajara, su esposa e hijo debido al delicado estado de salud del autor.

En su epitafio, en el Cementerio Los Jardines de la Paz en La Molina, se lee: “La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco apuntando hacia el futuro”. ¡FELIZ CUMPLE, QUERIDO Y MARAVILLOSO GALLINAZO!

 

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El texto fue publicado en la página de Facebook Textos Laterales – de Andrea Cabel.

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