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Canciones del segundo piso: una película inspirada en un poema de César Vallejo

“Mi hijo ha escrito tanta poesía que se ha vuelto loco”, dice un personaje de esta película de Roy Andersson, que narra la historia de una sociedad que atraviesa una crisis económica y existencial.

“Traspié entre dos estrellas” no es quizás el poema más popular de César Vallejo pero en Escocia sí lo conocían muy bien, tanto que incluso inspiró una película que ganó nada menos que el Premio del Jurado en el Festival de Cannes en el año 2000.

Canciones del segundo piso es una película que trata con una bella desolación, surrealismo y una pizca de humor, la historia de una sociedad que se cae a pedazos no solo por la crisis económica, sino también por el vacío de muchas personas que no saben hacia dónde van.

Este largometraje, dirigido por Roy Andersson, narra la historia de diversos personajes pero se centra sobre todo en uno que pasa por una crisis integral: tiene un negocio quemado, un hijo que se volvió loco de tanto escribir poesía y otro que fue abandonado por su esposa. Por si fuera poco, carga la culpa como una pesada cruz por un hecho del pasado.

La película posee planos fijos que pueden extraerse como frescos o fotografías artísticas, por lo cual también fue galardonado. Las escenas son versos que calan tan bien como el poema de Vallejo, cuyos versos aparecen en el diálogo de una escena y luego se repite a través del lenguaje audiovisual, siempre cargado de simbolismos que llevan a la reflexión y también a la risa cruel.

En un ensayo, el investigador Douglas J. Weatherford se atreve a señalar incluso que la película es una adaptación del poema y que la dedicatoria inicial (Amadas las personas que se sientan / César Vallejo (1892–1938) / IN MEMORIAM) “no es accidentada ni efímera. Más bien, afirma la aspiración del director de comunicarse con una realidad humana que se extiende más allá de las fronteras europeas”.

Canciones del segundo piso es la primera parte de una trilogía de Andersson que explora la locura y el vacío de los seres humanos en la era moderna. A esta película le siguen Tú que estás vivo (2007) y Una paloma reflexiona sobre la existencia en la rama de un árbol (2014).

Según el investigador, estas otras dos películas “también se inspiran en otros textos que han conmovido al director sueco: Don Quijote de la Mancha, de Luis de Cervantes, y Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica. Las dos cintas forman, junto a Canciones del segundo piso, una trilogía que examina la esencia absurda de la vida humana. Pero es en la primera cinta, dedicada al poeta peruano, donde encuentro más dependencia de su fuente de inspiración y donde mejor funciona  como  adaptación.  Y  en  este  traspié  entre  la  poesía  y  el  cine,  Roy  Andersson  se aprovecha del espíritu y de la poesía de César Vallejo para crear un film fascinante que gira entre la  esperanza  y  la  desesperanza  para idear, aún  en  su  imperfección, una  nueva  hagiografía de lo ordinario”.

Puedes ver la película online aquí.

Los dejamos con el poema:

Traspié entre dos estrellas

¡Hay gentes tan desgraciadas que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

¡Ay de tanto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!

¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez;
amado sea el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas, rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!

¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!

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