Emilio Lledó: “No se trata de enseñar asignaturitas, sino de hacer pensar”

Foto: Álvaro García / El País

Hace poco, el filósofo español Emilio Lledó (Sevilla, 5 de noviembre de 1927) cumplió 90 años, con una lucidez intacta. Es considerado uno de los mayores pensadores contemporáneos de su país y uno de los educadores de mayor renombre en la enseñanza universitaria. Ha formado a diversas generaciones. Además, es miembro de la Real Academia Española y un prolífico autor. Sus obras destacan temas como filosofía, lenguaje, educación, libertad, entre otros.

A propósito de la reedición de Dar razón (KRK), libro que resume 50 años de entrevistas realizadas entre 1965 y 2017, El País publicó una conversación con el filósofo, quien una vez más confirmó por qué es una de las mentes más necesarias en la sociedad actual.

Destacamos algunas frases de la entrevista realizada en julio pasado:

“Creo mucho en la cultura, en el sentido técnico de la educación, de hacer una persona crítica, y al mismo tiempo la educación es también unos modales. Por eso la Educación para la Ciudadanía es fundamental. No se trata de enseñar asignaturitas, sino de hacer pensar”.

“He vivido la guerra y el franquismo, tengo una experiencia muy larga de esperanzas y desesperanzas. Cuando era profesor en La Laguna, Valladolid o Barcelona había la esperanza de que las cosas iban a mejorar. Y, de alguna forma, algo de franquismo sigue. El nombre de democracia sirve a mucha gente, a aquella a la que se refería aquel cartel que, durante la Guerra Civil, se veía en algunas calles ‘No pasarán’. Pero pasaron y, con todas las variaciones que sean, siguen pasando.”

“En estos años de democracia se han logrado cosas importantes; pero tal vez se ha tenido miedo al recordar la historia inmediata o al comprobar que, como en el 23-F, podían caer amenazas de golpes de Estado. Ha habido cosas traídas por la democracia, como la libertad de expresión, aunque no vale para nada si solo sirve para decir imbecilidades. La verdadera libertad de expresión es la que procede de la libertad de pensamiento. Lo que hay que hacer es mentes libres.”

-¿Y no le tentó la política para transformar la educación?
-No nunca. Habría sido tan radical que no habría durado ni dos días. Por ejemplo, pienso que el dinero no puede, en democracia, marcar las diferencias de la educación. Soy un adicto a la enseñanza pública.

“La vida me da la vida. Yo no me aburro. Estoy feliz en mi trabajo”.

“Me siento querido por muchos exalumnos. Pienso que he sido profesor y me ha gustado lo que hacía. Tal vez he contagiado ese gusto. Sentía que lo que hacía era importante, no porque lo hiciera yo, sino por la educación.”

 

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