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¿Qué opinaba Marco Aurelio Denegri sobre los huacos eróticos de la cultura Moche?

«Las representaciones sexuales de los mochicas NO SON pornográficas ni escandalizativas»

Fotos Revista Fáscinum (izquierda) y Municipalidad de Moche (derecha)

En las últimas, semanas un monumento erigido en el distrito de Moche, provincia de Trujillo (La Libertad), ha llamado la atención nacional e internacional. Se trata de una representación a gran escala de un huaco erótico de la cultura Moche o Mochica, famosa por su cerámica, orfebrería y porque dentro del territorio que habitaron se halló al Señor de Sipán.

A pocos días de ser inaugurado (31 de diciembre de 2021), este gran huaco, que muestra a un antiguo peruano con el miembro viril erecto y expresando una sonrisa, causó polémica debido a los reclamos de un sector conservador del país; sin embargo, impulsó exponencialmente el turismo en la zona, y generó incluso una feria donde decenas de habitantes de Moche fueron beneficiados.

Pese a que la polémica seguía, el huaco continuó incrementando sus visitas e incluso se hizo famoso a nivel internacional, y parecía que la polémica ya estaba quedando atrás hasta que, el pasado 24 de enero, un grupo de delincuentes, luego de amenazar con armas de fuego a los vigilantes, destruyeron el gran huaco y lo redujeron a cenizas.

Este hecho generó un gran rechazo casi del tamaño del miembro viril prehispánico y el reclamo de muchos fue la reposición del monumento por parte de las autoridades. Por ello, tan solo doce días después (5 de febrero), el municipio local inauguró no uno sino dos huacos nuevos. Días después llegaron otros, uno de ellos incluso representaba el aparato reproductor femenino.

Por supuesto, las voces discordantes no desaparecieron. La mayoría de estas califica a los huacos como monumentos de mal gusto, pornográficos y como elementos que no deben estar en la vía pública, sobre todo porque “puede crear confusión en los niños”. Los mismos argumentos de siempre, de hace décadas, y del mismo sector conservador. Y quizás por este pensamiento anacrónico, hoy la mayor colección de los huacos eróticos moche –que se encuentran en el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera de Pueblo Libre (Lima)– aún están “escondidos” en una sala reservada “solo para adultos”.

Marco Aurelio Denegri, reconocido polígrafo y uno de los primeros difusores de temas sexuales en medios de comunicación masivos como la televisión, calificó como “estúpida” a la costumbre de ocultar el arte erótico de nuestros antepasados.

A través de la revista Fáscinum, que dirigió entre 1972 y 1973, en plena dictadura del general Juan Velasco Alvarado, Denegri llenó de elogios a esta manifestación cultural y se opuso a toda censura respecto a los temas relacionados con la sexualidad “para no hacerle el juego a los ignorantes y temerosos” y consideró “que las representaciones sexuales de los mochicas NO SON pornográficas ni escandalizativas. Antes bien, constituyen un legado artístico-erótico valiosísimo y, por lo tanto, MOSTRABLE”.

A continuación, mostramos el texto publicado en la edición 3 de la revista Fáscinum, una publicación mensual que solo llegó a los diez números. El artículo es acompañado por la foto del huaco erótico original, cuya copia a gran escala hoy se luce orgullosa en el norte peruano.

Foto: Museo Larco

Checan Arcanus*

Checan es un término del lenguaje mochica que significa amor y Arcanus llamaban los latinos a lo oculto y recóndito, a lo secreto. Checan Arcanus es, pues, el amor oculto, el que no se muestra.

Empleamos esta expresión singular, no ciertamente para significar el hecho de que entre los antiguos pobladores de nuestro país tenían las cosas del amor (Ta Erotika, como decían los griegos) un carácter encubierto. Eso, no. Al contrario. Y para cerciorarse de ello basta echar un vistazo a la cerámica erótica que produjeron.

Al aludir a lo arcano nos referimos a otra cosa, tan estúpida como lamentable: a la pertinacia en mantener lejos de la luz pública, lejísimos, todo lo concerniente al arte erótico del antiguo Perú: arte opimo, cualitativamente notable y de gran riqueza en punto a diversidad y contenido. Cierto que en parte se ha remediado esto con la publicación de los libros de Rafael Larco Hoyle –Checan– y Oscar Urteaga-Ballón (Interpretación de la sexualidad en la cerámica del antiguo Perú), amén del valioso ensayo «Sexual motifs in prehistoric Peruvian ceramics«, escrito por el sexólogo norteamericano Paul H. Gebhard. En parte, decimos, porque estas producciones son, por lo caras, casi inaccesibles para la mayoría de lectores (y sin el «casi», de hecho son inaccesibles. ¿O es que acaso son muchas las personas dispuestas a desembolsar cinco mil soles por tales obras?).

Qué curioso: lo que los mochicas no pensaron, ni quisieron y ni siquiera pudieren imaginar que fuese arcano, esto es, lo erótico, lo checánico (permítasenos este neologismo), hoy ha llegado a serlo en virtud de la obediencia ciega al tabú sexual. Pero el tabú es la sinrazón por excelencia; y el temor y la ignorancia –anteojeras vitandas sin las cuales no habría tabúes– no pueden erigirse en principios rectores de la conducta humana.

Fascinum, publicación destabuizante, no puede hacerle el juego a los ignorantes y temerosos. Considera que el Checan no es Arcanus; sabe que las representaciones sexuales de los mochicas NO SON pornográficas ni escandalizativas. Antes bien, constituyen un legado artístico-erótico valiosísimo y, por lo tanto, MOSTRABLE.

Entre los especímenes que componen dicho legado, hay algunos, los humorísticos, que revelan el malicioso ingenio de sus forjadores. Por ejemplo, vasijas como la que la foto muestra, perteneciente al cuarto periodo de la cultura mochica, hacia el año 500 de la era cristiana, provistas de dos salidas: una, la usual, bordeada de agujeros, y otra constituida por un pene erecto. Si se bebía de la vasija por la salida agujereada, el líquido, al salir desparramándose, mojaría al bebedor, que para evitar esto veíase obligado a hacerlo por el otro conducto: y huelga decir lo que entonces sucedía.

También supieron los antiguos –la foto lo testimonia– del gran resorte de la risa: la exageración. Por eso moldearon hombres macrofalosómicos, que con inequívoco contento cogen con una mano el miembro hipertrófico y con el puño en alto de la otra parecen vitorear orgullosamente su desmesura genital.

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*Artículo extraído de la revista Fáscinum, edición 2. Lima, 1972.

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