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“Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre”.

Personaje creado por Clarice Lispector reflexiona sobre el proceso de escribir

La ucraniana-brasileña Clarice Lispector (1920–1977) fue periodista, reportera, traductora y escritora de novelas, cuentos, libros infantiles y poemas. Es considerada una de las escritoras brasileñas más importantes del siglo XX. Destaca por tener un estilo lírico, con una interioridad profunda y siempre relacionada con complejos procesos emocionales y mentales.
En su obra póstuma, Un soplo de vida, resalta precisamente esta característica. El personaje de la obra hace referencia al proceso de escribir y nos obsequia frases que son puñetazos directos al corazón y el alma.

Leamos algunos fragmentos.

 

Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida. Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos.
[…] Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo.

[…]

¿«Escribir» existe por sí mismo? No. Es solo el reflejo de una
cosa que pregunta. Yo trabajo con lo inesperado. Escribo como
escribo, sin saber cómo ni por qué: escribo por fatalidad de voz.
Mi timbre soy yo. Escribir es un interrogante. Es así: ?

[…]

No hago literatura: solo vivo al paso del tiempo. El resultado fatal de que yo viva es
el acto de escribir. Hace tantos años que me perdí de vista que vacilo en intentar encontrarme. Me da miedo comenzar. Existir me da a veces taquicardia. Me da tanto miedo ser yo. Soy tan peligroso. Me pusieron un nombre y me apartaron de mí.

[…]

En cada palabra late un corazón. Escribir es esa búsqueda de la veracidad íntima de la vida. Vida que me molesta y deja a mi propio corazón trémulo sufriendo el dolor incalculable que parece necesario para mi maduración: ¿maduración? ¡Hasta ahora
he vivido sin madurar!

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