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¿Qué opinaba Blanca Varela sobre lucha de clases, liberación de la mujer y el aborto?

En una entrevista con la revista Libre (1972), la poeta peruana resaltó que nunca estuvo desligada de estos temas de la época

En la cuarta edición de la revista Libre, Blanca Varela responde a un cuestionario que tenía como tema principal la «Liberación de la mujer». En sus respuestas, como pocas veces, la poeta peruana expone su pensamiento político y social respecto a temas que marcaban los debates de la época. Al referirse a la lucha de clases, feminismo, patriarcado e incluso el aborto, Varela refleja que nunca estuvo ajena a estos asuntos. El mismo cuestionario de diez preguntas fue respondido por otras renombradas mujeres como Susan Sontag, Martha Lynch, Jean Franco, entre otras.

Leamos las respuestas de la autora de Canto Villano.

LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

POR REVISTA LIBRE (Francia, 1972)¹

¿Qué contenido concreto da usted al concepto de «emancipación femenina»?

El contenido que doy al concepto de emancipación es general, puesto que no puedo contemplar el problema, por principio, sino como alguien que por lo menos individual, íntima e intelectualmente ha accedido a considerarse un ser humano cabal y profundamente exigente respecto de sus libertades y las ajenas.

En su opinión, ¿cuál es la relación entre la lucha por la emancipación de la mujer y la lucha de clases? ¿Cree usted que la primera debe subordinarse a la segunda?

Pienso que existe una relación de sectores, ya que, como he respondido anteriormente, el problema de la emancipación femenina no me parece sino un aspecto tan singular como cualquier otro el obrero, el campesino, el racial de un problema mayor que atañe al género humano. De esto puede deducirse que crea que la lucha por la emancipación femenina no tiene por qué subordinarse a la lucha de clases, sino que es un aspecto más de ella, y que en consecuencia debe integrarse, como un aspecto tan importante como cualquier otro, en un programa total que contemple este tipo de reivindicaciones.

Tomando en cuenta que el trabajo doméstico es gratuito y sin valor de cambio, se podría considerar a las mujeres como una clase aparte, fuera de las existentes. Esto supondría que la opresión patriarcal debe entenderse como contradicción principal y no secundaria. ¿Está usted de acuerdo con este análisis?

Definitivamente en la práctica las mujeres constituyen una clase aparte, menos afortunada y menos atendida que cualquier otra, tradicionalmente situada en un limbo de desconsideraciones y mentiras; mentiras de categoría universal, mentiras históricas y filosóficas, que permiten la existencia de absurdos como la «opresión patriarcal”, entre otros. Pero que quede constancia que digo «en la práctica» y que insisto en no aceptar que el problema de la emancipación femenina se reduzca a un simple debate de orden familiar y doméstico; ni tampoco a limitadas y débiles revueltas de tipo «feminista». Y debo agregar que la «opresión patriarcal» me parece que constituye una contradicción principal no solo en este caso. Pienso, por ejemplo, en la juventud y en la abominable educación que se le ofrece; pienso en los siervos de todo el mundo; pienso en los mismos hombres que se suponen liberados en las democracias y en otros sistemas, en el monstruoso mito de las ideas-padre (padre-Estado, padre-Iglesia, etc.) y en la gran farsa de la autoridad que se erige por la fuerza en pro de intereses personales o de grupo en cualquier plano.

Se considera que el trabajo remunerado es alienante dadas las condiciones en las cuales se desarrolla en nuestras sociedades. A pesar de esto, ¿lo aconsejaría usted a las mujeres como medio de liberación?

Me parece que si las mujeres somos por tradición una inmensa clase no reconocida totalmente, un primer paso natural para constituirse en una clase apta para reclamar derechos sería tratar de integrarse dentro del sistema; y si el sistema es pésimo, es dentro de él que hay que cambiar las cosas. Suena paradójico, pero en este caso la alienación del trabajo remunerado constituye un escalón de base para reclamar cosas mayores. Las mujeres debemos trabajar, tratar de no ser dependientes en el plano material. Las otras conquistas tendrán que venir por añadidura, por gravedad.

¿De qué manera contemplaría usted la lucha por la emancipación de la mujer: a) en el cuadro de una organización política y revolucionaria, o b) exclusivamente en el movimiento femenino?

Es evidente que en el cuadro de una organización política y revolucionaria.

En el proceso de la emancipación de la mujer, ¿le asigna usted un valor igual a la emancipación económica que a la emancipación sexual?

La libertad de un individuo debe ser total. No puede haber recortes ni zonas intocables. Si una mujer consigue emanciparse económicamente, su relación con el sexo opuesto tiene que variar. No será dependiente ni de un padre ni de un marido. Será, sí, dependiente de ella misma, del género de moral que fabrique, de sus sentimientos y de sus instintos. Creo que será libre a la larga para comprometerse como mejor le convenga y sienta en cualquier campo, el sexual también, y eso es asunto de cada individuo.

¿Considera usted que la familia es una traba para la emancipación de la mujer?

No debería serlo en absoluto, si habláramos de una familia ideal, constituida por seres libres y responsables. La maternidad no me parece una carga, sino, por el contrario, una forma de realizarse dentro del orden natural de las cosas. Si marido y mujer convienen en formar una familia sabiendo que eso implica una cierta dosis de esfuerzo extra de ambas partes, no veo por qué esto sería una traba ni para el hombre ni para la mujer. Me parece, más bien, que el problema trasciende a la pareja -que puede ser perfecta- para convertirse en un problema social. Se tendrían que revisar muchas cosas: el matrimonio, el divorcio, la educación de los niños, las cunas materno-infantiles, los horarios de trabajo, etc. Ahora bien, si hablamos de la familia dentro del actual estado de cosas, ciertamente no es una traba sino una lápida, y tanto para la mujer como para el hombre.

¿Qué importancia concede usted al aborto libre entre los objetivos de la lucha femenina?

Tiene una importancia capital. Todo ser humano debería tener derecho a decidir si quiere o no tener hijos. Las razones que lo asistan pueden ser numerosas y diversas. En el caso particular de la mujer es más evidente esta necesidad, puesto que es ella quien soporta el mayor peso en todo sentido de esa responsabilidad. A la larga, el aborto libre sería una garantía en todo sentido para los niños que nacieran, que por lo menos vendrían al mundo con una categoría más digna de su especie: la de hijos deseados y no impuestos.

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¹ Publicada en Libre, revista crítica trimestral del mundo de habla española, número 4, de 1972, pp. 107-108. Este cuarto número el último de una colección impresa en Paris en lengua española, bajo la dirección de Mario Vargas Llosa, les planteó este mismo cuestionario a otras cinco mujeres: Rosana Rossanda, Susan Sontag, Marta Lynch, Françoise Giroud y Jean Franco.

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“Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre”.