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¿Por qué alguien publica un libro de 1290 páginas? ¿Para qué? Le preguntamos al autor

“Soy el mejor poeta de mi generación”, dijo alguna vez Julio Barco, quien acaba de publicar El nuevo fuego, la primera parte de una obra de cuatro tomos. Conversamos con él para saber más sobre este libro, sus haters, el ego, la soledad y sobre otras cuestiones que no importan.

Por: Felipe Revueltas 

 

Tiene 31 años, 20 libros publicados y varios haters en internet. Una vez dijo: “Soy el mejor poeta de mi generación” y eso le generó diversas críticas y burlas, pero él asegura que eso no le afecta y continúa disfrutando la elección que tomó hace algunos años: ser escritor a tiempo completo.

En su recorrido como escritor ha recibido los premios Gremio de Editores (2018) y Huauco de Oro (2019) y una mención honrosa en el Poeta Joven del Perú (2021). Además, junto a otros amigos de la universidad Federico Villarreal, fundó el Grupo Tajo, y es director de la web Lenguaje Perú.

A finales de diciembre de 2022 publicó El nuevo fuego (Editorial Higuerilla), un libro que mezcla diversos géneros literarios en 1290 páginas. Si este ya de por sí parece voluminoso, solo se trata de la primera parte de un grupo de cuatro libros de similares características.

Buscamos al autor para hacerle algunas preguntas respecto a su última obra, pero también para conocer su visión de la literatura actual, de las trabas que tiene que superar un joven escritor, de la crítica literaria, de los medios de comunicación y su alejamiento de la cultura, entre otras preguntas.

Por supuesto, también le preguntamos sobre el ego, la soledad, qué opina de los memes que se han creado en su honor y, claro está, le preguntamos si aún se considera el mejor poeta de su generación.

A continuación, presentamos la primera parte, donde la conversación se centra en El nuevo fuego.

En tu libro hay prosa, hay poemas, todo va encadenado a través de una especie de diario. ¿Cómo calificarías a tu obra si es que hay que encasillarlo en un género literario?

Diría que es un género nuevo. Es una mezcla que comienza como un diario, pero también le agrego otro tipo de lenguaje. Diría que es una obra abierta que me permite jugar con todos los géneros que quiero.

¿Al escribirlo lo pensaste así, fue tomando forma en el camino? ¿Cómo fue el proceso?

Tomé consciencia del tipo de obra que quería hacer cuando estaba por la página 800 más o menos, cuando me di cuenta de que ya tenía un bosque de ideas y de reflexiones. Ahí comencé a pensar cómo quería publicarla, de repente de manera póstuma, de si al final solo iba a ser un diario, pero finalmente pensé que podía ser parte de una obra más total. Lo imaginé en cuatro partes: este es El nuevo fuego, luego viene El nuevo viento, La nueva agua y La nueva tierra.

¿Los otros libros también serán de un volumen similar?

Sí, mi plan es que todos sean de 1200 páginas en promedio. Pero el tema del volumen es por la misma fluidez con la cual yo escribo porque tengo mucho que decir a veces. No me propuse escribir algo así, nació de pronto y me vi en esa obra, y fui construyéndola.

Pero tener mucho que decir no necesariamente significa escribir mucho, ¿no? Se puede decir mucho escribiendo poco, ¿no te parece? ¿Por qué apostar por 1290 páginas?

En mi caso, soy más un escritor que se desparrama, no soy de decir algo en pocas palabras, me gusta usar poemas largos, crónicas también. Siento que eso va también en función de mi propio fuero interno, de mi forma de expresarme, de relacionarme con la propia palabra.

Todo escritor, o casi todos, digamos: escribe, luego corta, edita, resume, estiliza, luego vuelve a editar. ¿Este libro tenía acaso más páginas que ahora?

Hay una edición previa a la publicación, donde he quitado algunas páginas, algunas partes, pero en general siento que en este libro al menos hay un intento de rescatar una escritura viva que de pronto funciona de esa forma espontánea.

¿Hay algún antecedente de una obra peruana que maneje ese número de páginas y encima solo sea una primera parte de un conjunto de tres libros más?

Bueno, la obra de Enrique Verástegui, Splendor, tiene mil páginas, quizás es lo más cercano. Esa obra es una construcción de varios poemarios. En Argentina he encontrado la obra de Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres, pero creo que en el Perú no hay una obra de esta característica.

La gente que no te ha leído podría preguntarse cuál es la necesidad de escribir tantas páginas, porque la cantidad no necesariamente está ligada a la calidad. Además, todo escritor dirá que su libro sí tiene calidad. ¿Tú qué dirías de tu obra respecto a la calidad?   

Como te dije anteriormente, cuando tenía 800 páginas, yo revisaba y donde abría el libro yo encontraba una calidad que se sostenía. Entonces, eso me impulsó a verlo como obra porque en un primer momento, cuando comenzó este libro, eran apuntes dispersos que tenían la intención de hacerme pisar tierra, entre la propia producción de mis poemarios y mi propia vida. Es un libro que está entre mi producción y mi vida. Es decir, me servía para pisar piso en reflexiones diarias, y ya cuando vi que tenía algo más elaborado pensé en publicarlo.

¿Cómo me doy cuenta de la calidad? Bueno, yo soy lector, me la paso leyendo muchas horas al día, y creo que eso de alguna forma te puede llevar a un criterio, personal sobre todo primero. También pensé que esta obra era una suerte de cartografía de lo que es hacer poesía en el Perú, en esta época.

¿Qué porcentaje del libro es autobiográfico?   

Es biográfico en el sentido de que parto en algo que podría haberme pasado o pasó, pero construyo mi propio punto de vista, mi propia voz. O sea, no solo escribía lo que pensaba sino que lo hacía literariamente, pensando en un producto literario. Por eso me tomé el trabajo de incluirle poemas, reflexiones, textos que de pronto no podían encajar en un diario como tal. Creo que algunos libros que podrían ser similares a esta obra son Diario de mis sentimientos de Alberto Hidalgo, El zorro de arriba y el zorro de debajo de Arguedas o La tentación del fracaso de Ribeyro.

Al principio dijiste que este libro comenzó como una suerte de compendio de lo que se te ocurría en el momento, y luego mezclabas géneros. ¿No te dio la sensación de que la obra final se iba a percibir como una obra desordenada o de una obra que incluyó varios textos a la fuerza?

El orden se dio como está en la obra, en orden cronológico. Por otro lado, pienso en la obra de Pessoa, en su Libro del desasosiego, que también me gustaba porque había varios pensamientos en desorden pero todos orgánicamente tenían una sola que los monopolizaba y lo tanto había un estilo.

Un hater o un enemigo tuyo, si es que lo tienes, diría: “¿Y este por qué se compara con Ribeyro, Arguedas o Pessoa?”. ¿Tan seguro estás de la calidad de tu libro?

Desde que lo publiqué he tenido comentarios, de parte de colegas que están metidos en esto, y me han dado sus puntos de vista. Hay varias reseñas en internet al respecto. Obviamente yo tengo mi punto de vista, pero el lector también podrá tener sus propias conclusiones, ¿no? Yo tengo mi estilo y esa búsqueda de lo personal la encuentro en los autores que te he mencionado.

Has mencionado a José María Arguedas y a Julio Ramón Ribeyro. Ellos escribieron El zorro de arriba y el zorro de abajo, y La tentación del fracaso cuando ya estaban consagrados. Digamos, ya había un interés sobre sus vidas. En cambio, con tu obra, ¿por qué el lector se interesaría por Julio Barco, un escritor que -si bien no es nuevo- no ha alcanzado un renombre nacional o internacional como esos dos autores peruanos?   

Porque siento que en el libro hay una historia que puede interesar, puede el lector puede conocer sobre cómo se forma un escritor en este momento. Siento que al conocerme a mí puede conocer también lo que ha sido la poesía peruana en los últimos cinco o diez años. Siento que en el fondo lo que vale en el libro no es yo como persona sino el estilo, la propia prosa y la forma en cómo está escrita.

¿Tú piensas en el lector al momento de escribir? ¿Piensas en lo que le puede gustar al lector o eso depende de cada obra?

En realidad, siempre ha sido una lectura propia, de una lectura de alguien que es fanático de la literatura y que también busca un estilo, una calidad en lo que hace. Entonces, los que amamos la literatura creo que tenemos un criterio personal. No he pensado si lo que escribo le va a gustar a mi amigo del barrio o a mi mamá, porque también busco ser libre en lo que hago.

En el libro hablas de lo que te pasa en el día a día, de lo que piensas o sientes. ¿No crees que es muy egocentrista? ¿Por qué contar sobre lo que a uno le pasa y no inventar personajes o historias?

Pienso que hay autores que han usado la primera persona de una forma interesante, como Henry Miller, Bukowski… Cuando escribí este libro no pensé que le iba a importar a alguien, para empezar, pero siento que este libro le puede interesar a los que van a ser poetas, a la gente que está interesada en el tema. Siento que, más que percibir un egocentrismo, los lectores pueden ser empáticos con lo que digo, pueden sentirse personalizados.

También menciono la palabra “egocentrismo” por la portada que tiene una foto tuya. ¿Por qué decidiste que tu foto debe estar en la portada?

Siento es que es una foto que es esencial dentro de mi trabajo y, sin ir muy lejos, pienso en la portada de Trilce de César Vallejo, que tenía una caricatura suya. No me quiero comparar con Vallejo, pero siento que es una manera de mostrar lo que hago, de mostrarme a mí mismo y de darle al lector una entrada de lo que estoy haciendo.

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