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¿Por qué Oswaldo Reynoso detestaba a los críticos literarios del Perú?

Extracto de una entrevista realizada por el crítico literario Wolfgang Luchting, en 1972

Desde la aparición de Los inocentes en 1961, Oswaldo Reynoso causó revuelo por inaugurar un lenguaje al que no estaba acostumbrado la capital conservadora del Perú. El escritor arequipeño incluyó la jerga juvenil del momento y las vivencias del barrio en la literatura peruana, y a muchos les disgustó, pero esos muchos no tuvieron jamás la visión que tuvo –por ejemplo– José María Arguedas, quien vislumbró el nacimiento de uno de los mejores escritores de este territorio.

Desde sus apariciones en medios, además, Oswaldo llamó la atención además por sus declaraciones polémicas respecto a cualquier tema, por su posición marxista y porque siempre rechazó ser publicado por las grandes editoriales. Cada entrevista que dio siempre fue una oportunidad para que los lectores despierten de aquellos cantos de sirena proyectados por las grandes editoriales que jugaban en pared con los grandes medios.

Una de las tantas entrevistas fue concedida al crítico literario Wolfgang Luchting, en 1972. En dicha ocasión, Reynoso explicó lo que pensaba sobre la crítica literaria del país, por qué ya no escribía poesía (género con el que inició), a qué escritores admiraba más, entre otras revelaciones.

Compartimos un extracto:

¿Quiénes son los críticos que en tu opinión te han comprendido mejor? ¿Por qué?

El primer crítico que comprendió lo que yo quería hacer fue Arguedas, cuando escribió un artículo en el suplemento de El Comercio a raíz de la aparición de Los inocentes. ¿Por qué? Porque, como dice en ese artículo, se inauguraba en el país un tipo de narración que aceptaba y comprendía la problemática de la urbe. Y es curioso que precisamente Arguedas haya formulado tal planteamiento, pues Arguedas estaba preocupado por los problemas de los campesinos. Y sin embargo tuvo la suficiente visión de ver cuáles eran los problemas de la ciudad. Otro de los críticos que han comprendido perfectamente, eres tú, Luchting. Y esto no quiere decir de ninguna manera una cosa de compromiso, ¿no? Porque a lo largo de las respuestas que yo dé a tus preguntas, se verá mi punto de vista totalmente… no digamos: imparcial, sino un pun to de vista que trata de ser objetivo.

¿Qué opinas de la crítica literaria en el Perú y respecto a tu propia obra en América Latina en general?

Habría que ver qué es la crítica literaria. Y entiendo que es el develamiento de los valores y desvalores en una obra literaria. Este desvelamiento tiene que ver mucho, fundamentalmente, con la concepción que se tenga de la teoría de los valores. En el Perú, la crítica literaria es una crítica que se publica en los periódicos que pertenecen, como todo el mundo lo sabe, o a familias que dominan el país o a consorcios, y actualmente con este problema novedoso de la Revolución Peruana a determinados sindicatos, y ya estamos viendo los pleitos y peleas que hay, tanto en el Expreso como en La Crónica y en todos esos diarios que se llaman cooperativos. Entonces, esta gente que hace crítica literaria, ¿qué concepción tiene del valor literario? Yo creo que sería formidable que tuvieran una concepción reaccionaria; pero da la casualidad que ni siquiera esto, sino simplemente para ellos no existe el valor ni el desvalor. Lo único que existe es el sacarle la mierda a este fulano que se atreve a publicar esto y a decir tal y tal cosa. De tal manera que crítica en el Perú no existe. Por eso siempre te he dicho que la crítica en el Perú es una mierda.

Ahora, respecto a América Latina en general, comparto perfectamente la idea de las personas más esclarecidas: que en cuanto a la crítica, en América Latina nosotros solamente podemos hablar de José Carlos Mariátegui. Después de él, todas son huevadas.

¿Qué es, en tu opinión, la literatura comprometida? ¿En qué sentido eres tú un escritor comprometido (con ejemplos de tu obra, por favor)?

Creo que la pregunta está mal formulada. Porque literatura comprometida quiere decir que el escritor está aparte de su clase social y que, por lo tanto, como el escritor no tiene absolutamente nada que ver con la lucha de clases, se compromete con una clase social. Creo que en realidad no se sabe hablar de una literatura comprometida, sino se debe hablar de una literatura ya «casada».

¿…?

Nada más.

¿Cómo te ubicas tú mismo en la literatura peruana reciente? De serte posible, quisiera que des como coordenadas los nombres de otros escritores peruanos.

No sé cómo ubicarme en la literatura peruana reciente. No lo sé porque la creación novelística, narrativa en la literatura peruana en este momento es tan compleja que es difícil. Lo único que puedo decir es que yo no me ubico en la literatura peruana reciente, sino que en todo caso la ubicación sería partir de lo que quiero. Yo quiero o pretendo ser un escritor que represente un sector de la realidad de mi país que conozco profundamente. Yo no puedo hablar de campesinos, no puedo hablar de obreros, porque yo no me movilizo dentro de sectores de su vida. Yo soy profesor universitario que me movilizo dentro de una clase media, clase que en todos los sectores trata de ser una clase media ascendiente. Este es sector que yo conozco, y que tengo la obligación de representar en mi obra narrativa.

¿Por qué ya no escribes poesía?

Si escribir poesía es escribir en verso, ya no escribo poesía. Pero si escribir poesía significa expresar todo lo que el hombre aspira, quiere, desea, con su infierno y su cielo, sigo escribiendo poesía.

Hasta ahora tú siempre has publicado tus obras por tu propia cuenta. ¿Por qué?

Porque en este país de pendejitos no quiero ser cojudo.

Dentro del ámbito peruano, tus obras suelen resultar –quizás solo en Lima– ser, repito, best sellers. ¿A qué atribuyes esto?

Efectivamente, Lima en Rock fue best seller. Pero no así Los inocentes.

Pero es la misma cosa…

Es el mismo libro, pero realmente vivimos en un país en donde lo que importa es la alienación, y la alienación es la propaganda, la publicidad. Cuando publiqué Los inocentes saqué dos mil ejemplares, tardé años en vender, de los dos mil, quinientos ejemplares. Los 1500 restantes fueron regalados. Pero cuando el señor Scorza, gran Capitán de «La Industria Editorial del Perú», tuvo bien a fijarse desde lo alto en ese libro, le cambió el título, y entonces comenzó a aparecer en la televisión, en rostrums y declaraciones, en grandes letreros, y se transformó en un best seller. De tal manera que cuando publiqué la segunda obra, En octubre…, ya la propaganda estaba hecha. Pero yo he publicado El escarabajo… y en El Palermo, sobre una mesa mandé la mierda todos los críticos del Perú, no hubo ningún comentario en los periódicos… bueno, puedo decir que vendí muy pocos, poquísimos ejemplares. En este momento, 5000 ejemplares que he sacado, ya van más menos para dos años, recién se han vendido 3000 ejemplares. Quiere decir si este libro se hubiera promocionado, como dicen, los publicistas y los grandes capitanes de empresa, en este momento estaría pues por arriba de los 20 mil ejemplares.

¿Por qué, en tu opinión, tantos autores peruanos viven y/o vivieron en el extranjero?

Aquí hay dos cosas importantes. Hay un verbo en presente –»viven»–, y hay un verbo en pasado. Creo que esto es fundamental. Acepto el pasado –“vivieron” – y lo acepto porque la realidad del escritor en el Perú, hace algunos años, era terrible. Hace algunos años, en el Perú, o el escritor resultaba siendo un loco o se suicidaba o era un alcohólico. Eso es para los que «vivieron». Pero «viven» era en el extranjero, ahora. Creo que cada escritor es enteramente libre de escoger dónde debe vivir. Si hay escritores que creen que pueden escribir en París, en Nueva York, o en Londres, que allá se vayan. Con la única condición de que su obra no se desligue de la realidad nacional. Y si hay escritores que consideran que tienen que vivir en el país, que vivan en el país. Pero con la misma condición. Porque hay escritores que viven en el país, y a quienes el país les importa un carajo. No se trata de vivir aquí o de vivir afuera. De lo que se trata es de hacer una obra sobre la realidad actual del país. Por supuesto, los que viven en el país tienen mayor conciencia, mayor información –y no solamente mayor información, sino mayor sentido también de lenguaje– que los que viven en el extranjero. Mayor sentido del lenguaje, puesto que el lenguaje para ellos, los que viven fuera, se ha transformado en la gramática, en el diccionario, y se olvidan de estos matices tan exquisitos, tan ricamente expresivos de las palabras que el pueblo día a día va formando. Esta es la única… No, digamos: una entre las tantas desventajas de vivir en el extranjero. Pero yo, por lo pronto, he decidido vivir aquí, en el país, y sé perfectamente que dadas las condiciones actuales de lucha, de concepción ideológica, no se me ve un loco, no me suicidaré nunca, ni nunca seré un drogadicto, ni un borracho.

¿Tú no crees, entonces, que viviendo en el extranjero podrías escribir mejor sobre el Perú que acá?

No lo creo. Porque entonces tendría una visión lejana del país. Esto de que el escritor viva fuera del país, para que tenga visión, no es más que un patrón cultural que se ha impuesto en el país desde Garcilaso. Es el patrón cultural de que para hablar mejor del país hay que estar en el extranjero. Yo preguntaría, ¿a alguien se le ha ocurrido decirle a Dostoievski que se fuera a París para poder ver mejor la problemática de Rusia? A nadie. ¿A alguien se le ocurrió decirle a Shakespeare que se fuera a Alemania para poder escribir mejor sobre Inglaterra? ¿O a Cervantes, que se fuera a la Cochinchina, para que desde allí vea mejor el problema de España, que era el problema universal? Nadie. Hay que estar aquí.

En tu opinión, ¿a qué se debe el así llamado boom? ¿A quiénes consideras los escritores más grandes de América Latina hoy?

La misma palabra «boom» no es un término de crítica literaria. Es un término de carácter económico. De tal manera que cuando se refiere al «boom», no se está haciendo una apreciación crítica, sino una apreciación de mercado. Así que, como yo soy escritor, no me interesan los ajetreos del mercado de una sociedad capitalista de consumidores. Aparte de esto, por supuesto que en el «boom» hay grandes, pequeños y miserables escritores. Eso no interesa. El «boom» no debe interesar desde un punto de vista netamente literario.

Para mí, en este momento, los más grandes escritores de América son Carpentier –que no es del «boom»–, Gabriel García Márquez, a pesar de que una segunda o tercera lectura de sus obras empalaga, y hay tantos otros, como por ejemplo Manuel Rojas, Roberto Arlt, Rulfo. Me parece que estos son los escritores fundamentales de América.

 

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