Javier Heraud es un poeta peruano que siempre nos dejará una pregunta sin responder: ¿Cuánta poesía valiosa hubiese dejado si no moría a tan corta edad? Él, comprometido con los problemas sociales del país, fue más allá de la participación política, se enroló en un grupo guerrillero y fue asesinado en un enfrentamiento con la Guardia Republicana, en Madre de Dios, el 14 de mayo de 1963. Apenas tenía 21 años.
Antes de la mayoría de edad publicó El río (1960) y, también ese año, El viaje, con el cual compartió con César Calvo el primer lugar de la primera edición del premio El Poeta Joven del Perú. Con dichas obras se posicionó como una de las nuevas voces importantes de la poesía peruana. Sin embargo, su pronta partida nos privó de su sensibilidad que expresaba a través del lenguaje.
“…estoy decidido, cuando en el Perú haya que irse a las armas, yo lo haré, por mucho que te duela”, le escribió una vez a su padre en 1961, después de conocer Rusia y la realidad de otros países europeos. En 1962 fue a Cuba tras recibir una beca para estudiar Cine, y en dicho país además conoció a Fidel Castro.
Convencido de las ideas revolucionarias, en 1963, Javier Heraud se unió al Ejército de Liberación Nacional y regresó al Perú para iniciar una lucha armada contra el gobierno dictatorial del general Ricardo Pérez Godoy.
El poeta Javier Corcuera contó que, el último día en que lo vieron, Heraud estaba tenso y les dio la sensación de que nunca más lo iban a volver a ver, que él lo presentía e incluso lo expresaba con palabras. Y así fue.
En su estadía en Cuba, el joven poeta escribió diversas cartas a su madre, Victoria Pérez. Una de ellas la escribió en el mismo Día de la Madre, la cual compartimos ahora.
Carta de Javier Heraud a su madre
Queridísima Madre:
Mamá: podría mentirte si te digo: hoy estoy contento. No, no es cierto. ¿Por qué? Pues hoy es el día de la madre y no estoy junto a ti; hoy es el día de la madre y no sucede como en 19 años anteriores: corriendo a tu cama con algún regalo para darte, o un beso, o un corazón pegado en cartulina. Por otro lado, mi tristeza aumenta al no tener noticias. ¡Hace justo un mes y medio que salí de casa y sin una carta tuya! Nada, absolutamente nada sé de Uds., ni cómo están, ni qué hacen, ni qué pasa por allá.
Esta carta te llegará retrasada. No he podido escribirte antes: esperaba carta tuya, tenía la certeza de que me llegaría antes de hoy y no ha sido así. Por eso he querido esperar hasta hoy, segundo domingo de mayo, para envolver, para poner en un papel todo mi corazón de hijo agradecido, todo mi corazón anhelante de cariño, y enviártelo en este día que está lleno de recuerdos infantiles y hogareños para mí. En este momento en la radio tocan música de Listz y me invade una melancolía especial. ¡Mi casa, mi familia, todo un orgullo pasado y futuro!
A las 7 y media las muchachas que cocinan en la casa, mientras tomábamos desayuno, repartieron una rosa roja a todos los muchachos que tienen madre. ¡Si supieras con qué orgullo recibí la mía y en ese momento leía un editorial de un periódico sobre el día de la madre, un hermoso editorial, y yo tuve que hacer inmensos esfuerzos para que no se dieran cuenta que lloraba, sí: interna y externamente! Mamá, ¿qué pasa, por qué no me escriben, por qué no recibo noticias de Uds.? Escríbeme directamente, pon mi dirección en un sobre y mándamela directamente a Cuba, yo me siento aquí maravillosamente: estoy como en mi patria, ¡aquí todo es tan hermoso! No sabes cuánto agradezco ser hijo tuyo, ser miembro de una familia como la mía, tener un padre así y tales hermanos, y mi mamama tan sabia, y todos en general.
Como comprenderás, mi preocupación constante es por Uds.; yo no sé cómo están. ¿Y Gustavito? Si supieras cómo pienso en él, mi pequeño hermano. Escríbeme a diario y directamente, si te cansas, que me escriban todos mis hermanos, todos los días; que cada uno me cuente qué hace, a mi papá dile que lo quiero más que nunca, que tengo deseos de escribirle, pero sin carta de Uds. no sé sobre qué escribirles. Ya sabes, que cada uno de ellos me escriba a diario, hasta el Gustavito. Envíenme sus cartas directamente a Cuba, que creo que llegan así. Yo estoy maravillosamente. Llevo una vida ordenada: me levanto a las 7, me baño, tiendo mi cama, tomo desayuno, voy a la Universidad, almuerzo a las 12 y media, descanso una hora, leo, si tengo clases las tardes (casi no tengo) voy a la U., o al cine, o paseo y tomo un refresco, voy al teatro y me acuesto a las 11 ó 12. Es una vida tranquila. Mis estudios de cine no sé cómo hacerlos, por el momento estudio literatura, aunque creo que el mes que viene comenzaré a practicar en el Instituto de Cine. Mi salud es perfecta, los dientes me fastidian un poco pero pronto iré al dentista. La asistencia médica es gratuita, las cartas nos las mandan gratis, nos dan 30 pesos (dólares) mensuales que más alcanzan de sobra. Madre, mamá, con todo el corazón de hijo agradecido te saludo y beso en tu día, a ti, a tu madre, mi mamama, y a la madre de mi papá.
Escríbeme, escríbanme todos y pronto. Te besa mil veces Javier.
P.S. Mi dirección aquí es: Javier Heraud. Calle 30, № 965. Entre 26 y 47, Altura del Vedado,
La Habana — CUBA.
¡ESCRÍBANME! ¡ESCRÍBANME DIRECTO!
13 de mayo, 1962.
Comentarios de Facebook