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Dictadura y censura: el día que prohibieron “El plebeyo” por razones políticas

En 1939, el dictador Oscar R. Benavides emitió una orden para prohibir diez canciones. Entre ellas estaba “El plebeyo”, “El tísico” y “El huerto de mi amada”. ¿Por qué vetaron dichas canciones?

Felipe Pinglo, una de las grandes figuras de la música criolla. Imagen: Dario Mejía

 

Hace poco, una periodista relacionó la canción “Flor de retama” con el terrorismo de Sendero Luminoso, lo cual generó nuevamente un debate en redes sociales y otras plataformas, pese a que parecía que la polémica era asunto del pasado ya que en años anteriores –sobre todo en época de elecciones– se había afirmado lo mismo.

La canción del profesor ayacuchano Ricardo Dolorier Urbano fue compuesta en homenaje a estudiantes y campesinos que habían perdido la vida en protestas contra un decreto del general Juan Velasco Alvarado que eliminaba la gratuidad de la enseñanza, en 1969. Sin embargo, muchos no toman en cuenta este importante dato y generan controversia a partir de datos erróneos o falseados.

La censura o el intento de censura contra temas populares no es algo nuevo en el país. Un antecedente muy importante es el que ocurrió en 1939, durante el gobierno de Oscar R. Benavides. En aquella ocasión se prohibieron una decena de canciones y entre ellas estaba nada menos que “El plebeyo”, famoso vals compuesto por Felipe Pinglo.

En el siguiente artículo, Dario Mejía, investigador de nuestra la música criolla, recuerda aquel incidente que no debería repetirse.

 

 

El día que vetaron “El plebeyo”

Escribe Dario Mejia*

 

En el mes de abril de 2008, cuando me encontraba en Lima, pude ver en un canal de televisión la última parte de la entrevista que le hacía el Dr. Marco Aurelio Denegri a Oscar Avilés, logrando escuchar lo que ambos conversaban sobre algunas canciones de Felipe Pinglo que, durante un tiempo, fueron prohibidas de que se pasen por las radios peruanas. Ello no solo es desconocido por muchos sino que resulta inconcebible que al mejor compositor de música criolla que el Perú haya tenido hasta el momento se le vetara en las radios de su propio país, por lo que, pienso, es bueno que el pueblo esté consciente de ese atropello hacia nuestra música popular para que no vuelva a suceder otra afrenta similar con alguno de nuestros compositores.

El veto a Pinglo era un secreto a voces llenas que si bien no se dio a conocer públicamente, en su época, este fue ordenado por el Gobierno de entonces que desconocía, totalmente, no solo la obra del bardo inmortal sino que también la obra de otra gran figura de nuestro criollismo, Pedro Espinel, quien también sufrió el veto aquel. Al menos el Maestro Pinglo ya había fallecido por lo que no sufrió la afrenta en vida, pero Espinel sí estaba vivo y debe haberle dolido mucho que en su propio país se prohíba que sus canciones sean transmitidas por radio o se canten en público.

Corría el año de 1939 y las canciones de Felipe Pinglo se estaban popularizando cada vez más entre el pueblo peruano. Varias canciones de Pinglo, incluso, ya se habían interpretado en películas peruanas que se estrenaron un año antes. “El plebeyo” se estaba convirtiendo en la canción preferida de muchos intérpretes y del público amante de la canción criolla.

El Perú estaba bajo la dictadura de Oscar R. Benavides, quien no solo perseguía a Haya de La Torre sino a todo lo que era o parezca aprista. Un día de aquel año de 1939 llegó a las radiodifusoras de Lima el mandato de «Orden, Paz y Trabajo», mediante el cual no solo se atentaba contra compositores peruanos sino que también se pretendió acallar la voz de la canción criolla.

El músico Enrique Pozo Zegarra trabajaba por ese tiempo en la radio Goicochea y a sus manos llegó la circular de la dirección de radio donde se comunicaba a todas las emisoras de Lima que quedaba prohibida la transmisión de diez canciones criollas, bajo amenaza de fuerte multa a la radio y suspensión indefinida a cantantes de ambos sexos.

Según cuenta Pozo Zegarra en un artículo publicado en el diario La Tribuna de Piura, el 30 de abril de 1948 y, posteriormente, en un libro pequeño editado en Lima en 1984, «Agravio no reparado a la memoria del inmortal ¡Bardo!», entre las canciones prohibidas estaban: “El plebeyo”, “La oración del labriego”, “Mendicidad”, “El canillita”, “El huerto de mi amada”,  “El tísico”, “Droga divina”, “El expósito” y “Fin de bohemio”. Pozo Zegarra se acordaba del nombre de nueve canciones solamente, la décima canción era «Pobre obrerita» de Pinglo. También él se confunde llamando «Droga divina» a «Sueños de opio» de Pinglo.

[Ver también ► Carita y Tirifilo: la legendaria pelea de dos «faites» que marcó época e inspiró un vals]

Felipe Pinglo en la portada de El alma que canta, edición 22. Mayo de 1953. Imagen: Dario Mejía

Los compositores a quienes sus canciones vetaron fueron tres: Luis Molina (“El tísico”), Pedro Espinel (“El expósito” y “Fin de bohemio”) y Felipe Pinglo (“El plebeyo”, “La oración del labriego”, “Mendicidad”, “El canillita”, “El huerto de mi amada”, “Sueños de opio” y “Pobre obrerita»).

Cabe mencionar que a fines de los 20 y la década de los 30 estuvieron de moda varios valses que se llamaban «El tísico» y hasta encontré un vals titulado «La tísica» que apareció publicado en El Cancionero de Lima No. 755 del 1 de noviembre de 1929. Por ello es difícil determinar qué versión de «El tísico» fue la vetada, por lo que he asumido que fue la versión de Luis Molina. Pero hay otro detalle con este vals, que algunos asumieron que era de Felipe Pinglo, como figura en la portada del cancionero El alma que canta No. 22, de mayo de 1953, y fue también asumido por el Congreso de la república, cuando en 1998 presentaron un proyecto de ley para que el año 1999 sea declarado como «Año del Centenario del Nacimiento de Felipe Pinglo Alva». En dicho proyecto de ley, entre las composiciones de Pinglo, incluyeron el vals «El tísico», lo cual es errado. Esa confusión nos da a entender que a la hora de vetar «El tísico», en 1939, realmente se quiso vetar a Felipe Pinglo, una vez más, ya que pensaron que dicho tema le pertenecía al Maestro.

Las canciones aquellas fueron sacadas, inmediatamente, de la programación de las radios de Lima. Por ese tiempo, Delia Vallejos, a pesar de su corta edad, ya era figura estelar de radio Goicochea. Delia Vallejos estaba todavía en el colegio María Auxiliadora y se presentó en la radio Goicochea animada por sus compañeras de aula. “El plebeyo” de Pinglo era su canción preferida y la que más gustaba a los oyentes… pero ese día negro para la canción criolla se borró de la programación su número preferido, señala Pozo Zegarra.

Javier Gonzáles no había conocido aún a quienes serían sus compañeros de música, triunfos, aventuras y mil experiencias, con los cuales formaría Los Trovadores del Perú. Sin embargo, él ya era ídolo de la radio Goicochea y tenía en su interpretación de “El plebeyo” a su mejor carta de presentación… pero también le sacaron dicha canción de la programación habitual, cuenta Pozo Zegarra.

Tanto Delia Vallejos como Javier Gonzáles protestaron por haberse eliminado su mejor número de la programación radial. Pozo Zegarra señala que se les tuvo que mostrar la circular con la prohibición de diez canciones criollas para poderlos apaciguar.

Según se ha contado, el gobierno dictatorial de entonces pensaba que Víctor Raúl Haya de La Torre era el autor de “El plebeyo” y las otras canciones que fueron prohibidas, de allí que las quisieron acallar. Poco tiempo después Benavides dejaría el poder, y aquel mandato mediante el cual se pretendió silenciar a la canción criolla terminó en el tacho de basura.

Felipe Pinglo falleció el 13 de mayo de 1936 y su composición “El plebeyo” se convirtió en la mejor carta de presentación del bardo inmortal, llegando a traspasar las fronteras del Perú y llenándonos de orgullo a los amantes de la canción criolla. Pero la afrenta que se le hizo nos puso en alerta para no permitir que a otra persona se le ocurra atentar, otra vez, contra la canción popular.

«El plebeyo» interpretado por Los Morochucos.

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* Dario Mejia, investigador. Melbourne, Australia. El texto fue escrito el 13 de mayo de 2008. Ver post original aquí.

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